En el post sobre el árabe y la diglosia expliqué una de las mayores dificultades que plantea el estudio de la lengua árabe, y es que lo que se estudia en el aula no tiene nada que ver con la realidad lingüística que se vive en la calle, y que además varía muchísimo entre los distintos países arabófonos.
Si hay algo que se echa en falta en la enseñanza y el aprendizaje de esta lengua es que apenas existen métodos de árabe (sobre todo en español). Y por métodos de árabe me refiero a buenos métodos de árabe; hasta ahora, el único método medio decente que he tenido en mis manos ha sido el libro Al-’arabiyya al-muasira, del Instituto Burguiba (Túnez), ya que ha sido un libro cuyos contenidos léxicos eran de utilidad real para el alumno (y aparecían en un orden lógico): aprender a desenvolverte en una situación comunicativa de diario, como llegar a un aeropuerto, explicar las direcciones, entrar a un restaurante o a una tienda, etc. ¿Por qué digo esto? Pues porque los dos primeros años de universidad llevamos el famoso método Al-kitāb fī ta’allum al-arabiyya, un método americano pensado para realizar un curso intensivo de árabe, dirigido además a hombres de negocios (cuando digo intensivo me refiero a un mes dando 8 horas de clase todos los días), de forma que se avanza en bloques estructurados específicamente para ese fin. Pues bien, no puedo entender cómo se les ocurre implantar ese método en la universidad, donde tienes como mucho 3 horas de clase a la semana, y encima distribuidas. Con este método aprendías a decir cosas como “administración”, “facultad de economía y empresa” y “Organización de las Naciones Unidas” antes que a preguntar cosas básicas como la hora o pedir la cuenta en un restaurante, lo cual resulta bastante poco fructífero y menos motivador, la verdad.

