El arte de traducir

Mayo 14, 2009

El erotismo en el Islam

Si mi amor hacia la lengua árabe y su cultura va in crescendo ya de por sí con mis clases diarias, hoy ya ha sido el no va más. He tenido el placer de asistir a una conferencia organizada desde la Universidad del Mar en la Universidad de Murcia cuya ponente era la Dra. Dña. Fatiha Benalabbah, directora del Instituto de Estudios Hispano-Lusos de la Universidad Mohammed V (Agdal-Rabat, en Marruecos), especializada en tema de erotología y mística árabe.

Supongo que a algunos no les casará el término “erotismo” con “árabe” o con “Islam”. Claro, si es que con todo el rollo este de que la mujer tiene que ir tapada hasta el cuello y con el pañuelo en la cabeza… Qué cosas tengo, ¿no? Erotismo e Islam, con lo cerrados que son. Pues os sorprendería saber que el Islam es la religión más abierta con el tema del sexo y más erótica que ha dado el planeta, siempre que se establezca dentro de los límites permitidos (que una cosa es el erotismo y otra muy diferente es desfasarse a todo lo que da la mata). El erotismo en el mundo del Islam está muy ligado a la mística, y son bastante explícitos a la hora de describir el tema sexual. ¿Os sorprende? A mí también, para que os voy a engañar. Pero resulta divertido pensar que, mientras el cristianismo toma las relaciones sexuales como pecado incluso dentro del matrimonio a no ser que sea para concebir (aquí como los conejitos), el Islam, esa religión que vemos como “cerrada al mundo y retrógrada en muchos aspectos sociales” (según el punto de vista de nuestro “occidente”), ve el sexo como algo concebido para satisfacer una necesidad y para disfrutar de ello por ambas partes de la pareja. ¿Os choca? Es algo inevitable. No es lo que nos medios de comunicación suelan difundir.

¿Que no os lo creeis? La cultura árabe es riquísima en tratados y libros en los que se trata el erotismo. Como ejemplo, la lectura de los libros del filósofo, poeta y místico sufí Ibn Arabi (que entre sus más de 200 obras tiene un tratado sobre erotismo llamado “Libro del Tesoro de los amantes”) está prohibida por completo en Arabia Saudí (sin duda, el país árabe más cerrado y conservador en tema religioso). Fijaos, como hoy comentaba la Dra. Fatiha, en “Las Mil y Una Noches” o en “El jardín perfumado”, obra del jeque Nefzawi (Túnez, siglo XVI) que viene a ser el kamasutra árabe. ¿Que no lo conocéis? Pues os animo a que le echéis un vistazo, porque os va a sorprender. Os dejo este enlace para que leáis un poquito más sobre la obra si os interesa.

Por cierto, ¿alguien se ha fijado en los ojos de esas árabes que van tapadas hasta el cuello? Son capaces de enamorar sólo con los ojos…

Espero que este breve post os haya servido para hacer que os intereséis un poquito más por la cultura islámica y para eliminar unos cuantos prejuicios sobre ésta =).

P.D.: ¡¡yo quiero traducir un tratado de estos!! xD

Abril 30, 2009

¿Debemos actualizar los grandes clásicos?

Archivado en: Traducción literaria — elartedetraducir @ 11:11 pm
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Pregunta absurda tal vez, pero creo que cierta asignatura de la carrera me está trastocando la cabeza con este tema xD.

El otro día en clase nos dijeron que un traductor francés ha traducido “El Quijote” al francés actual. En otras palabras, que ha actualizado la obra lingüísticamente cambiando todos los términos del español clásico original por términos que se usan hoy día.

Como podréis imaginar, esto ha sido aplaudido por algunos diciendo que ése es el camino que ha de seguir la traducción (la de modernizar las obras y adaptarlas al tiempo en que se están leyendo, obviando con ello la época en la que se escribieron al suponer que el público no va a entender de lo que se está hablando), y otros críticos en cambio han machacado esta decisión tachándola de todo menos bonita me supongo.

¿Un traductor tiene licencia para alterar el estado original de la obra o depende esta licencia de qué estemos traduciendo? Considero que una obra como El Quijote no se puede traducir a una versión actualizada. Si despojas a este clásico (o a cualquier otro de cualquier lengua) de su lenguaje y su forma de expresión, le estás quitando su valor histórico, cultural, lingüístico y significativo, y además lo haces poco creíble para aquellos que conocen que esa obra fue escrita en un período determinado de la Historia.

Es cierto que el simple hecho de traducir El Quijote ya supone un reto enorme, no sólo por lo alejado del castellano que usa con respecto al actual y el problema que ello supone al traductor, sino por la enorme carga significativa que encierra la obra. ¿Podemos cargarnos el significado de la obra al modernizarla? Yo creo que sí. Es como si decidiéramos traducir un poema simplemente por el significado obviando el cuidado y la atención que hay que poner a las palabras para “simplificar” lo que dice y que todo el mundo pueda entenderlo.

Los clásicos no son para entenderlos fácilmente, porque entonces no estaríamos hablando precisamente de literatura clásica (ni de poesía si decidiéramos simplificarla). Podéis discrepar, pero dadme una buena razón. De hecho, me estoy acordando ahora mismo de la película de Romeo + Julieta protagonizada por Leonardo DiCaprio y Claire Danes, vendría a ser algo por el estilo, sólo que esto en versión cinematográfica, ¿no?

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