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    Mi nombre es Eva María Martínez. Licenciada en TeI por la UMU en 2009, he trabajado como in-house durante más de 3 años y he dedicado otros cuantos al fansubbing. En la actualidad soy traductora autónoma y coordinadora de la Revista Traditori.

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¿Qué trabajos debemos aceptar?

Veo que el tema de qué trabajos aceptar o no está candente últimamente en los blogs. Entradas como la de Tarifas, tarifas, tarifas , de Pablo Muñoz, o la de Dime quién eres, y luego hablamos, de Verónica García, han puesto de relevo algunos puntos que debemos tener en mente antes de aceptar o no un encargo (os recomiendo que os deis una vuelta por sus blogs 😉 ).

A mí me gustaría ir algo más allá y tocar otros aspectos relacionados que tal vez estamos menos acostumbrados a tratar. Por marzo de este año 2010 organicé como presidenta de la Asociación Murciana de Estudiantes de Traducción e Interpretación unas jornadas de ética y práctica de la traducción y la interpretación en la que participaron mayormente profesores de la Licenciatura de Traducción de la Universidad de Murcia y en la que afortunadamente pudimos contar con la presencia del Dr. Salvador Peña Martín, quien imparte diferentes módulos sobre la materia en el Máster Oficial en Traducción, Mediación Intercultural e Interpretación de la UMA y en los Seminarios de Traducción Árabe-Español de la Escuela de Traductores de Toledo (que fue donde tuve el placer de conocerlo y recibir sus clases). Con estas jornadas quería plantear una actividad en la que una serie de profesionales (los profesores en este caso) expusieran y debatieran ante los participantes casos reales donde nuestra ética profesional o personal pudiera interferir en nuestro trabajo como traductores e intérpretes. Porque las tarifas no es lo único que debemos tener en cuenta a la hora de aceptar un trabajo.

En mi post Moralidad y traducción ya di algunas pinceladas sobre el tema. Ahora os doy otro ejemplo, esta vez más crudo: ayer estaba con la tele puesta cuando escuché que iban a dar un programa llamado 1000 formas de morir en Antena.Nova. Es una serie documental que narra muertes reales completamente absurdas o surrealistas. a pesar de los cutreefectos, son bastante explícitos a la hora de dar detalles en imágenes. El caso es que yo pensaba cambiarlo, pero mi hermana me dijo que lo dejara e, infeliz de mí, lo dejé puesto. La primera muerte era “normalilla”: un hombre que se caía por la ventana de un rascacielos. Te explicaban cómo había muerto por la caída (rotura de huesos y esas cosas). No salía nada fuera de una escena a lo CSI: el hombre en el suelo inerte con su sangre y sus historias. Pues vale, una menos.

Pero la siguiente sí que era más dura: contaba la muerte de un hombre que metió un pie en una trituradora (de estas que se usan para triturar madera, que tienen una especie de chimenea por la que sale todo lo triturado) y básicamente se convirtió en carne picada poco a poco, sintiendo cómo la máquina lo engullía y lo destrozaba. Además de las imágenes explícitas, este episodio de muerte contaba con un narrador (el compañero) que lo había vivido todo en directo y daba todo lujo de detalles sobre lo ocurrido. Pues bien, si con leer una simple descripción de los hechos ya os mareáis, imaginad que llega a vuestras manos un texto de esas características, y que además el cliente te manda el vídeo donde las imágenes dan todo lujo de detalles, por si algo del texto no te queda claro (o porque vas a hacer el trabajo de traducción y el de sincronización y necesitas el vídeo por narices).

Otro ejemplo: la serie de películas Saw, donde las escenas son crudísimas. Si sois fans estaréis encantados de aceptar el encargo. Pero, ¿y si sois de los que se marean haciéndose una simple analítica? ¿Aceptaríais el encargo sabiendo de antemano lo que os espera por delante? Vale que si nos enfrentamos sólo al texto a lo mejor no nos afecta tanto (me vienen a la mente las novelas de Stephen King que tanto he leído), pero, ¿y si vamos a encargarnos también de la sincronización, como he dicho antes? (y aunque no sea frecuente que se encarguen las dos cosas al traductor tampoco sería raro que nos lo pidieran). ¿Tendríais estómago para repasar una y otra vez escenas con las que sabemos que somos incompatibles para hacer un buen trabajo de sincronización?

Y ya no sólo en traducción. Pasemos al terreno de la interpretación. ¿Aceptaríais un encargo de un congreso de medicina donde de antemano os dicen que van a proyectar imágenes en detalle de una intervención quirúrgica cuando no sois capaces de ver ni la sangre en los dibujos animados?; Si os llamara la DGT para que interpretéis en un encuentro sobre accidentes de tráfico en motoristas donde piensan proyectar varios vídeos e imágenes con imágenes reales de accidentes y sus consecuencias, ¿diríais que sí si sabéis que sois personas sensibles, o que incluso habéis tenido alguna experiencia cercana por parte de familiares, amigos, etc.?

Y ya no sólo con la sangre. Esto puede aplicarse a temas igualmente candentes como política o religión.

A lo que me refiero es… estamos de acuerdo en que tenemos que ser profesionales, y que no nos podemos permitir el lujo de andar rechazando proyectos continuamente porque entren en conflicto con nuestras creencias, ideologías u otras opciones. Pero sí es cierto que debemos tener en cuenta nuestras limitaciones personales a la hora de aceptar ciertos trabajos, porque a veces hacernos los valientes con algo que sabemos de antemano que choca con nosotros y pensamos que podemos dominar puede resultar en quedar mal ante un cliente, cosa que tampoco nos conviene.

En mi caso en particular, soy muy sensible con todo lo que se haga sobre seres vivos conscientes, y por ello tengo muy claro que si me ponen delante un encargo como 1000 formas de morir, Saw o La casa de los 1000 cadáveres, probablemente no lo aceptaré habiendo imágenes de por medio. No por nada, es que simplemente sé que no voy a hacer un buen trabajo porque mi nivel de sufrimiento durante la visualización es altísimo y mi cerebro no admite esa información. Y yo, antes de quedar mal con el cliente por no poder terminar el encargo, prefiero explicarle los motivos razonados de mi rechazo y proceder inmediatamente a recomendarle a un compañero. De este modo, me hago un favor a mí, se lo hago a mi cliente por solucionarle el “plantón” que acabo de darle y al compañero al que recomiendo por pasarle trabajo (eso sí, estad seguros de que vuestro compañero recomendado no va a actuar igual que vosotros xDDDD). Y por supuesto, le haré saber que para cualquier otro encargo que no toque esa temática, estaré encantada de seguir a su disposición.

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11 comentarios

  1. Gracias por la mención, en primer lugar.
    Se me ha pasado alguna vez por la cabeza si alguna vez rechazaría un encargo por la temática o el contenido en sí, tendría que ser algo que me ofendiera para rechazarlo. Uno de los encargos que he hecho era de un contenido que me hacía dudar y que en ocasiones no compartía, busqué un poco de información y llegué a leer cosas que no me gustaron mucho pero basadas en opiniones, por lo que decidí no implicarme en ese sentido y simplemente hacer mi trabajo. Si me encontrara con algún texto que supusiera un problema para mi porque su contenido me ofendiera o tuviera un fin que fuera totalmente en contra de mis principios lo rechazaría. Pero soy de la opinión que tampoco hay que ser excesivamente sensible en ese sentido, es decir, no ser un “tiquismiquis” porque al fin y al cabo somos unos meros intermediarios de la lengua.

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  2. Gracias a ti po pasarte y comentar =).
    No puedo estar más de acuerdo contigo. Por eso mismo digo al final que sólo en casos extremos (como es el de mi animadversión hacia las escenas violentas, que me provocan un estado de ansiedad horrible) nos debemos plantear el aceptar o no el trabajo, sobre todo si va a afectar a la calidad final de éste.

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  3. Vaya… Buena entrada.

    Me he puesto mala al leer lo de “1000 formas de morir”… No era consciente de que fuera tan sensible… aunque, bueno, ya evito las películas con sangre, así que tendría que haberlo supuesto…

    A mí me pasó algo parecido con las prácticas en el Máster de Traducción Audiovisual: muchas de ellas eran de “temática erótica” (en cristiano, porno), y yo… ufff, no cogí ninguna porque ya sabía que mi catetismo no me dejaría trabajar tranquila. Pensé “mira, para pasar un mal rato…”. Al ser prácticas, soy consciente de que mi decisión ha podido ser un error bestial.

    Pero bueno, volviendo al tema, me parece muy buena la situación que das ante estos encargos: pasarlo a un compañero y punto. Como bien dices, quedas bien con el cliente y haces un favor a un colega.

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    • Muchas gracias Ana, me alegro de que te haya gustado :).
      Soy de la opinión de que nos deberían concienciar un poco más de estas cosas durante la carrera (claro que el problema es la falta de horas), porque mucha gente se limita a “es que soy un profesional y puedo con todo”. Craso error: ante todo somos humanos y hay cosas para las que no servimos; en mi caso es soportar escenas violentas, como en el tuyo es el porno y cada uno debe conocer sus limitaciones, que también forma parte de ser un buen profesional. La ética en nuestro trabajo es un terreno muy interesante para explorar (y de hecho ese fue uno de los motivos por los que organicé las jornadas). Otro día comentaré más cosas como esta, pero en el terreno de la interpretación en los servicios públicos, que también da para mucho…
      ¡Gracias por pasarte y comentar! ^^

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  4. Precisamente cuando leí la entrada “Moralidad y traducción” te quería dejar un comentario sobre el tema, y al final se me pasó: hay un libro de estudios sobre traducción que publicó la Complutense hace unos diez años. Se llama “Lengua y cultura”, y uno de los estudios que incluye trata de la ética del traductor y de la posibilidad de establecer un código deontológico. Si puedes conseguir una copia, te lo recomiendo, es muy interesante (si tienes acceso todavía a la biblioteca de tu facultad, es muy probable que lo tengan).

    Yo, a este respecto, estoy de acuerdo con Verónica: sólo me plantearía rechazar un encargo si el contenido del encargo fuera en contra de mis valores. En mis tiempos de la facultad (modo abuelo Simpson ON xD) corría una leyenda urbana sobre un intérprete que se había negado a traducir a Jean-Marie Le Pen…

    ¡Saludos!

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    • ¡Gracias por el comentario y por la recomendación! Existen códigos deontológicos, pero cada uno de su padre y de su madre (cada asociación establece los suyos, aunque más o menos son todos del estilo, pero creo que no hay nada “oficial” establecido, si es así que me corrijan los que me leen porque me interesa saberlo ;)).
      Me apunto el título e intentaré conseguirlo, aunque sea de contrabando, jajaja.

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  5. Yo he tenido varios encargos no aptos para todos los estómagos…

    Una vez, me contrataron como intérprete y lo primero que me preguntaron fue si tenía vértigo: había que interpretar en una grúa, a 63 m del suelo y con solo una rejilla metálica bajo los pies…

    Otra vez, que si me mareaba con la sangre: era para interpretar en quirófano a un médico americano que venía a enseñar cómo se colocaba un tipo de prótesis nueva…

    Incluso hubo una vez que estuve de intérprete de un detective secreto…

    El único encargo que he rechazado, el de una empresa que tiene prácticas poco éticas en cultivo de soya, teca, cacao, etc. en países del Tercer Mundo y que venía a convencer de las bondades de los productos transgénicos. Con esto sí que se me habría revuelto el estómago.

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  6. Pedro Benítez

     /  8 diciembre, 2010

    Sólo tengo una pregunta capciosa.

    ¿El compañero del pobre hombre de la trituradora NO pudo apagar la máquina?

    Lo que el hombre hace, también lo deshace, por muy automático que sea.

    Si yo llego a estar allí desconecto o destruyo la maquitina COMO SEA. Me parece muy raro que alguien se quedara impotente sin saber qué hacer… A no ser que la máquina lo engullera a velocidad de vértigo, claro.

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  2. Koe de oshigoto, mi traducción como fansubber | El arte de traducir

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