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    Mi nombre es Eva María Martínez. Licenciada en TeI por la UMU en 2009, he trabajado como in-house durante más de 3 años y he dedicado otros cuantos al fansubbing. En la actualidad soy traductora autónoma y coordinadora de la Revista Traditori.

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Las guías de estilo

Esto es algo del mundo de la traducción que no trata en la Universidad. Bueno, sí, nos enseñan que existen la RAE, el libro de estilo de El País, la Fundéu BBVA o el Diccionario Panhispánico de Dudas como algunos de los materiales de consulta que deberemos tener siempre a mano.

Creo que huelga decir que cuanto más material de consulta se tenga, mejor que mejor, ya que las decisiones que tomemos sobre el papel deberán estar siempre justificadas por una fuente de autoridad, y no por un “es que así me gusta más”. Si algún punto de la RAE no nos convence, podemos acudir a otros libros de estilo o a otras gramáticas para consultar qué dicen al respecto y, si alguna nos ampara en nuestro desacuerdo, ya tenemos donde poder escudarnos ante el cliente si nos pide explicaciones, siempre y cuando no nos haya puesto ninguna norma concreta antes de empezar el protecto, claro (hablaré de esto un poco más adelante).

Una vez tengamos suficientes fuentes en las que basarnos, nos conviene elaborar nuestra propia guía de estilo a la que ser fieles para unificar el tratamiento lingüístico que vamos a dar a los documentos que lleguen a nuestras manos, lo que significa que, tendremos que tomar una serie de decisiones a las que ajustarnos para actuar siempre igual ante determinados puntos, como si vamos a asumir (o no) las nuevas sugerencias impuestas por la RAE, si vamos a usar un estilo directo o indirecto, cómo vamos a utilizar la puntuación en las enumeraciones, si fijamos una traducción estándar de frases muy utilizadas… si trabajáis con documentos técnicos, como es mi caso, tal vez convenga fijar determinados detalles con respecto a formulismos y sintaxis para no estar cambiando cada dos por tres según se nos antoje; os doy tres ejemplos de una lista que podría ser bastante larga:

  • En los manuales de instrucciones se utilizan varias fórmulas para decirle al usuario adónde tiene que dirigirse para obtener más información, desde “To know more about this issue” hasta “For (more) information on…”. Para unificar la traducción, podemos establecer en nuestra guía de estilo que siempre que salgan este tipo de frases hechas vamos a usar: “Para obtener más información, consulte…”
  • El verbo permitir también es muy frecuente en este tipo de textos, por lo que podemos adoptar como norma que algo o alguien permite que algo o alguien haga algo, y no permite a alguien hacer algo, como: “Este programa permite que el usuario elabore sus propios montajes fotográficos”, y no “Este programa permite al usuario elaborar sus propios montajes fotográficos”.
  • Dónde colocamos los puntos en los paréntesis, si dentro o fuera: (ejemplo1.) o (ejemplo1).

Todo este tipo de decisiones es importante para proporcionar uniformidad a la redacción de nuestros documentos traducidos ante el cliente, ya que da muy mala impresión que los puntos en los paréntesis estén cada vez puestos de una manera, que los formulismos vayan cambiando en función del original aunque signifiquen lo mismo, que usemos indistintamente el tuteo y el usteo, etc.

Ahora es cuando retomo el hilo que he dejado suelto en el segundo párrafo: es muy posible que el cliente tenga su propia guía de estilo, en cuyo caso tendremos que seguir a rajatabla las normas que nos imponga, nos gusten más o menos. Lo malo es que aquí es cuando pueden venir los líos: cambiar de estilo no es sencillo cuando estamos acostumbrados a hacer las cosas de una manera, y tendremos que estar muy pendientes de los cambios que tenemos que introducir en nuestra forma de traducir para aplicarlos con el cliente en cuestión sin que se nos escape nada. Si en un 90 % de los proyectos usamos el usteo y un cliente nos pide que usemos el tuteo para que el estilo sea más informal, tendremos que desactivar el automático del usteo y traducir más despacio para no cometer fallos, aunque eso nos suponga tener que echar más horas para cumplir con los plazos de entrega.

Lo más divertido es cuando el texto de destino utiliza una forma completamente diferente al del original. Por poner un ejemplo, esto es muy frecuente en las enumeraciones por lista, que puedes adoptar varias formas: cada elemento de la lista empezando por mayúscula o por minúscula, con coma (o no) al final de cada elemento, si la forma varía en función de si el elemento es una oración o una frase… es decir, que si el inglés es:

This is a list example:

  • Element #1
  • Element #2
  • Element #3

Es posible que eso en español tenga que ser:

Esto es un ejemplo de lista:

  • elemento nº 1,
  • elemento nº 2,
  • elemento nº 3.

Que a primera vista podéis decir: bueno, no será para tanto… pero cuando llevas unos meses trabajando en un proyecto con un estilo y entras en otro sin poder desintoxicarte en el que te exigen un estilo completamente diferente, cuesta muchísimo cambiar el chip, os lo aseguro :p.

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14 comentarios

  1. Pablo Muñoz Sánchez

     /  8 mayo, 2011

    ¡Estupenda entrada, Eva! Y has puesto precisamente un ejemplo muy bueno, ya que mi cliente principal tiene precisamente esa preferencia de poner todo en minúscula en una lista y poner todo con comas (¿será el mismo cliente? xD).

    No obstante, a veces la guía de estilo no es Dios y el sentido común también tiene que prevalecer: cuando algo queda muy raro y tienes sospechas de que eso no debería ser así (es decir, que no es una cuestión de estilo), mejor preguntar para no liarla.

    Saluditos,

    Pablo

    Responder
  2. ¡Hola Pablo!
    Aaah, todo es posible, ¡a saber xD!
    Sí, está claro que cuando la duda asoma la patita por debajo de la puerta, es mejor preguntar. De hecho, ahora mismo tenemos un archivo de queries que da miedo… xD Hablando de lo cual, lo mismo un día dedico una entrada al tema de las queries :p.

    ¡Un saludo!🙂

    Responder
  3. ¡Muy buena entrada! Los clientes que trabajan con muchos traductores tendrían que tener guías de estilo para que las traducciones siempre fueran coherentes. Y los traductores siempre tendrían que seguir las guías, claro. Lamentablemente, a menudo no se cumple ninguna de las dos premisas, y las traducciones quedan como quedan… ¬¬

    Responder
    • ¡Gracias por comentar Silvia! Sí, eso debería ser imprescindible sobre todo en los proyectos donde participan muchos traductores, y obligatorio si además son de sitios diferentes, porque si no, como bien dices, las traducciones quedan como quedan, hechas un desastre con diferentes estilos y cada uno de su padre y de su madre xD.

      Responder
  4. Mar

     /  10 mayo, 2011

    Una precisión: las obras de la RAE no son guías de estilo. Son obras normativas basadas en un modelo de lengua estándar, que no incluyen aspectos de redacción y estilo, justamente. Las guías de estilo son obras con contenido diverso sobre redacción, gramática y ortografía, y listas léxicas, que sirven para marcar las opciones de uso lingüístico por las que se decanta una publicación o un organismo, no necesariamente afines a las obras académicas.

    Responder
    • Gracias por el apunte🙂. Llevas razón en lo que dices, la RAE la comento simplemente porque se menciona mucho como obra de referencia para el aspecto ortográfico de nuestra profesión, que también entra en las guías de estilo (como el escribir “sólo” o “solo”)😉.

      Responder
  5. Hola, Eva:

    Me parece muy importante lo que comentas en esta entrada. Yo tengo mi propia «guía de estilo» (aunque no está escrita en ningún sitio, sino solo en mi cabeza), que adapto según las necesidades y requisitos de cada cliente. En cualquier caso, lo más importante en ser coherente dentro de un mismo texto y con los textos de un mismo cliente, sea con su guía de estilo o con la nuestra propia.

    Saludos,
    Isabel

    Responder
  6. Hola, Eva. He encontrado tu blog a través de otros blogs de traducción y he de decirte que me ha gustado mucho. Además, esta entrada sobre las guías de estilo es muy interesante. Coincido con otros compañeros que dicen que la guía de estilo es sólo eso, una guía, y que hay que emplear el sentido común en los casos en los que surjan dudas o existan contradicciones. Yo, como otros colegas, también tengo mi propia guía (igual que Isabel, en la cabeza, aunque estoy pensando en ponerla por escrito); por ejemplo, no he adoptado los nuevos cambios ortográficos de la RAE y suelo hacérselo saber a los clientes (españoles) por adelantado.

    Seguiré pasándome por aquí. Un saludo.

    Responder
    • Hola, Daniel. Muchas gracias por tu comentario, me alegro mucho de que te guste mi blog🙂.
      Mi jefe, al igual que vosotros, tenía su guía de estilo en la cabeza, aunque estos días me ha tocado ponerla por escrito porque es mucho más cómodo en los casos en los que se le pasa trabajo a otros colegas para que se adapten un poco al estilo que sueles utilizar. En nuestro caso por ejemplo sí hemos adoptado los cambios ortográficos de la RAE porque la mayoría de los clientes los han implantado, aunque si un cliente te dice que no los implantes, pues hay que llevar cuidado y desenchufar el automático.

      Te haré una visita por tu blog😉. ¡Saludos!

      Responder
  7. Hola. Muchas gracias por publicar esta entrada. ¿Podrías explicar con más detalle el ejemplo de los puntos dentro o fuera de los paréntesis? Yo tenía entendido que si el paréntesis va dentro de una frase, el punto va fuera. Si es una frase entera dentro de un paréntesis, el punto va dentro. Es decir:

    Me gustan mucho las películas de terror (aunque no todas).
    Me gustan mucho las películas de terror. (Creo que esto ya lo sabías.)

    Supongo que te refieres a otros casos, pero no se me ocurre nada… ¿o esto que digo también es una cuestión de estilo? Ando algo desconectado… ¡Gracias!

    Responder
    • ¡Hola Tatenori!

      Sí, efectivamente me refiero a eso, y la norma funciona justo como tú dices: si es una frase entre paréntesis dentro de una oración, el punto va fuera, y si es una oración completa entre paréntesis, el punto va dentro. De hecho, el segundo ejemplo también podría ser directamente: (Me gustan mucho las películas de terror.).

      En nuestro caso ocurrió algo curioso: las normas de estilo de la empresa con la que estábamos haciendo el proyecto dictaban precisamente eso, pero a mitad del proyecto cambiaron la norma y nos pidieron que por favor, pusiéramos todos los puntos fuera de los paréntesis, fuera el caso que fuera. Supongo que durante la revisión (era un proyecto muy grande) se encontraron con muchas incoherencias en la memoria y decidieron unificar el criterio para ahorrarse problemas.

      Ah, y para el caso de los puntos en las comillas (” “) la norma es exactamente la misma😉.

      ¡Gracias a ti por comentar!

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  8. Hay veces en que el cliente nos envía la guía de estilo y otras, en donde somos los traductores o editores quienes tenemos que encargarnos de armarla.
    En cualquiera de los dos casos, lo más importante (y difícil en cuanto al tiempo que consume) es tenerla siempre actualizada y trabajar de forma organizada y sistematizada, por ejemplo, nombrando inteligentemente los archivos para saber cuál es la versión más reciente preferida por el cliente (o producida por nosotros, pero aprobada por el cliente).

    Si quieren leer un poco más, los invito a ver el artículo que escribí sobre guías de estilo http://blog-de-traduccion.trustedtranslations.com/%C2%BFque-es-una-guia-de-estilo-de-traduccion-2011-05-18.html

    Responder
    • Sí, eso es cierto, el tiempo que consumen todas estas tareas es uno de los aspectos más tediosos, pero al fin y al cabo deriva en un beneficio, que es garantizar la calidad de la traducción y, sobre todo, que en un equipo de varias personas la forma de trabajar y de traducir sea lo más similar posible para que no haya abismos estilísticos entre las distintas partes que participan en el proyecto.

      Responder
  1. Los archivos de ‘queries’ | El arte de traducir

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