• La autora

    Mi nombre es Eva María Martínez. Licenciada en TeI por la UMU en 2009, he trabajado como in-house durante más de 3 años y he dedicado otros cuantos al fansubbing. En la actualidad soy traductora autónoma y coordinadora de la Revista Traditori.

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El proceso de traducción y las partes implicadas

No sé cuántos de vosotros, mis lectores, [des]conoceréis el ciclo que se sigue en un proceso de traducción. Normalmente, cuando se detectan fallos en una traducción, tendemos a echarle la culpa siempre al traductor. No obstante, la figura del traductor no es la única parte implicada en el proceso de trasvasar ideas de una lengua a otra. O, al menos, no suele serlo. Y en el peor de los casos, si lo fuera, lo cierto es que no debería (si bien se dan casos en que el propio traductor ejerce de autorrevisor, con todos los riesgos que ello conlleva para la calidad del proyecto, y aclaro: esto no lo digo porque sea un mal profesional que necesite tener a alguien para corregir sus fallos, sino porque tras una traducción, es difícil ver los errores que cometemos nosotros mismos).

Con ánimo de contribuir un poquito más a difundir cómo funcionamos, quiero dedicar esta entrada a explicar cuáles son las fases y los actores implicados en algunos procesos de traducción para que veáis que no siempre tiene por qué ser el traductor quien tiene la culpa de los fallos que podemos encontrar en un texto que llegue a nuestras manos.

De forma general, podemos decir que el proceso de traducción más básico sigue las fases que expongo a continuación: (más…)

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Consejos para la redacción de queries

Después de ver esta gran viñeta de Mox:

Quién no se ha sentido identificado con esto alguna vez...

Y un poco a modo de continuación de mi post titulado «Los archivos de ‘queries’», hoy me gustaría compartir con vosotros algunas de las cosas que he aprendido durante este año que llevo trabajando como traductora «pofesional» (sí, está escrito así a propósito).

Si en algo me ha hecho especial hincapié mi jefe durante estos 12 meses es en la forma en que debo redactar las queries para mandárselas a los clientes y que estos contesten con la mayor eficacia posible. En función de cómo las planteemos, tendremos más o menos probabilidades de que caigan en el vacío más absoluto y nos ocurra como a Mox en su tira.

Y muchos de vosotros pensaréis: «Pero si yo las queries las redacto con todo lujo de detalles y aún así no me hacen ni caso / me dan respuestas vacuas y genéricas que no responden a lo que pregunto». Pues precisamente eso es lo que tenemos que «moldear», por decirlo de alguna forma: (más…)

Los archivos de ‘queries’

Esto es, junto con las guías de estilo, algo que no se suele enseñar durante la carrera. O al menos a mí no me lo enseñaron. Sí escuchamos que “en caso de duda, siempre hay que consultar con el cliente”, pero nunca nos dicen cómo hacerlo. Y como es lógico, no vamos a estar llamándolo por teléfono cada dos por tres ni vamos a estar mandando correos electrónicos sueltos continuamente, porque entonces no daríamos abasto ni ellos, ni nosotros, y además perderíamos una cantidad de tiempo impresionante por gestionar mal nuestro tiempo a base de “preguntar por sistema de goteo”.

¿Cómo se soluciona entonces el “preguntadle al cliente”? Pues mediante lo que se denominan queries. Como el propio nombre indica, las queries son las consultas que tenemos que hacerle al cliente, y lo mejor para este propósito es crear un documento con cualquier programa de hoja de cálculo (más…)

Las guías de estilo

Esto es algo del mundo de la traducción que no trata en la Universidad. Bueno, sí, nos enseñan que existen la RAE, el libro de estilo de El País, la Fundéu BBVA o el Diccionario Panhispánico de Dudas como algunos de los materiales de consulta que deberemos tener siempre a mano.

Creo que huelga decir que cuanto más material de consulta se tenga, mejor que mejor, ya que las decisiones que tomemos sobre el papel deberán estar siempre justificadas por una fuente de autoridad, y no por un “es que así me gusta más”. Si algún punto de la RAE no nos convence, podemos acudir a otros libros de estilo o a otras gramáticas para consultar qué dicen al respecto y, si alguna nos ampara en nuestro desacuerdo, ya tenemos donde poder escudarnos ante el cliente si nos pide explicaciones, siempre y cuando no nos haya puesto ninguna norma concreta antes de empezar el protecto, claro (hablaré de esto un poco más adelante).

(más…)

¿Qué trabajos debemos aceptar?

Veo que el tema de qué trabajos aceptar o no está candente últimamente en los blogs. Entradas como la de Tarifas, tarifas, tarifas , de Pablo Muñoz, o la de Dime quién eres, y luego hablamos, de Verónica García, han puesto de relevo algunos puntos que debemos tener en mente antes de aceptar o no un encargo (os recomiendo que os deis una vuelta por sus blogs 😉 ).

A mí me gustaría ir algo más allá y tocar otros aspectos relacionados que tal vez estamos menos acostumbrados a tratar. Por marzo de este año 2010 organicé como presidenta de la Asociación Murciana de Estudiantes de Traducción e Interpretación unas jornadas de ética y práctica de la traducción y la interpretación en la que participaron mayormente profesores de la Licenciatura de Traducción de la Universidad de Murcia y en la que afortunadamente pudimos contar con la presencia del Dr. Salvador Peña Martín, quien imparte diferentes módulos sobre la materia en el Máster Oficial en Traducción, Mediación Intercultural e Interpretación de la UMA y en los Seminarios de Traducción Árabe-Español de la Escuela de Traductores de Toledo (que fue donde tuve el placer de conocerlo y recibir sus clases). Con estas jornadas quería plantear una actividad en la que una serie de profesionales (los profesores en este caso) expusieran y debatieran ante los participantes casos reales donde nuestra ética profesional o personal pudiera interferir en nuestro trabajo como traductores e intérpretes. Porque las tarifas no es lo único que debemos tener en cuenta a la hora de aceptar un trabajo.

En mi post Moralidad y traducción ya di algunas pinceladas sobre el tema. Ahora os doy otro ejemplo, esta vez más crudo: ayer estaba con la tele puesta cuando escuché que iban a dar un programa llamado 1000 formas de morir en Antena.Nova. Es una serie documental que narra muertes reales completamente absurdas o surrealistas. a pesar de los cutreefectos, son bastante explícitos a la hora de dar detalles en imágenes. El caso es que yo pensaba cambiarlo, pero mi hermana me dijo que lo dejara e, infeliz de mí, lo dejé puesto. La primera muerte era “normalilla”: un hombre que se caía por la ventana de un rascacielos. Te explicaban cómo había muerto por la caída (rotura de huesos y esas cosas). No salía nada fuera de una escena a lo CSI: el hombre en el suelo inerte con su sangre y sus historias. Pues vale, una menos.

Pero la siguiente sí que era más dura: contaba la muerte de un hombre que metió un pie en una trituradora (de estas que se usan para triturar madera, que tienen una especie de chimenea por la que sale todo lo triturado) y básicamente se convirtió en carne picada poco a poco, sintiendo cómo la máquina lo engullía y lo destrozaba. Además de las imágenes explícitas, este episodio de muerte contaba con un narrador (el compañero) que lo había vivido todo en directo y daba todo lujo de detalles sobre lo ocurrido. Pues bien, si con leer una simple descripción de los hechos ya os mareáis, imaginad que llega a vuestras manos un texto de esas características, y que además el cliente te manda el vídeo donde las imágenes dan todo lujo de detalles, por si algo del texto no te queda claro (o porque vas a hacer el trabajo de traducción y el de sincronización y necesitas el vídeo por narices).

Otro ejemplo: la serie de películas Saw, donde las escenas son crudísimas. Si sois fans estaréis encantados de aceptar el encargo. Pero, ¿y si sois de los que se marean haciéndose una simple analítica? ¿Aceptaríais el encargo sabiendo de antemano lo que os espera por delante? Vale que si nos enfrentamos sólo al texto a lo mejor no nos afecta tanto (me vienen a la mente las novelas de Stephen King que tanto he leído), pero, ¿y si vamos a encargarnos también de la sincronización, como he dicho antes? (y aunque no sea frecuente que se encarguen las dos cosas al traductor tampoco sería raro que nos lo pidieran). ¿Tendríais estómago para repasar una y otra vez escenas con las que sabemos que somos incompatibles para hacer un buen trabajo de sincronización?

Y ya no sólo en traducción. Pasemos al terreno de la interpretación. ¿Aceptaríais un encargo de un congreso de medicina donde de antemano os dicen que van a proyectar imágenes en detalle de una intervención quirúrgica cuando no sois capaces de ver ni la sangre en los dibujos animados?; Si os llamara la DGT para que interpretéis en un encuentro sobre accidentes de tráfico en motoristas donde piensan proyectar varios vídeos e imágenes con imágenes reales de accidentes y sus consecuencias, ¿diríais que sí si sabéis que sois personas sensibles, o que incluso habéis tenido alguna experiencia cercana por parte de familiares, amigos, etc.?

Y ya no sólo con la sangre. Esto puede aplicarse a temas igualmente candentes como política o religión.

A lo que me refiero es… estamos de acuerdo en que tenemos que ser profesionales, y que no nos podemos permitir el lujo de andar rechazando proyectos continuamente porque entren en conflicto con nuestras creencias, ideologías u otras opciones. Pero sí es cierto que debemos tener en cuenta nuestras limitaciones personales a la hora de aceptar ciertos trabajos, porque a veces hacernos los valientes con algo que sabemos de antemano que choca con nosotros y pensamos que podemos dominar puede resultar en quedar mal ante un cliente, cosa que tampoco nos conviene.

En mi caso en particular, soy muy sensible con todo lo que se haga sobre seres vivos conscientes, y por ello tengo muy claro que si me ponen delante un encargo como 1000 formas de morir, Saw o La casa de los 1000 cadáveres, probablemente no lo aceptaré habiendo imágenes de por medio. No por nada, es que simplemente sé que no voy a hacer un buen trabajo porque mi nivel de sufrimiento durante la visualización es altísimo y mi cerebro no admite esa información. Y yo, antes de quedar mal con el cliente por no poder terminar el encargo, prefiero explicarle los motivos razonados de mi rechazo y proceder inmediatamente a recomendarle a un compañero. De este modo, me hago un favor a mí, se lo hago a mi cliente por solucionarle el “plantón” que acabo de darle y al compañero al que recomiendo por pasarle trabajo (eso sí, estad seguros de que vuestro compañero recomendado no va a actuar igual que vosotros xDDDD). Y por supuesto, le haré saber que para cualquier otro encargo que no toque esa temática, estaré encantada de seguir a su disposición.