• La autora

    Mi nombre es Eva María Martínez. Licenciada en TeI por la UMU en 2009, he trabajado como in-house durante más de 3 años y he dedicado otros cuantos al fansubbing. En la actualidad soy traductora autónoma y coordinadora de la Revista Traditori.

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Crónica de la VI Setmana de la Traducció Audiovisual

Como ya comenté aquí, la semana pasada tuvo lugar en Castellón la VI Setmana de la Traducció Audiovisual (del 23 al 25 de abril). Además de reencontrarme con compañeros maravillosos como @BeaEscudero (a quien conocí en una de las ediciones del curso de traducción de videojuegos que impartió Pablo Muñoz en Interpunct), @MTatay, @Siriastra y @escepticina (a quienes conocí en el Fun 4 All que se celebró el año pasado en Barcelona), he tenido el enorme placer de desvirtualizar a colegas no menos maravillosas como @Juditrad, @luisacalatayud, @miralmag y Valérie Menard. Además, también me presentaron a @Roser_sanchez y a Beatriz Cerezo, y tuve el enorme honor de conocer al gran Fréderic Chaume Varela.

Y tras las correspondientes menciones, paso a resumir un poquito cada ponencia para que los que no pudisteis asistir sepáis qué fue lo que allí se coció (antes de que se me olvide por completo). No incluyo aquí la crónica del taller impartido por Carme Mangiron porque, aunque me hubiera encantado, no pude asistir. Si alguna compañera se anima a hacerla, os añadiré el enlace por aquí.
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Originales, traducciones, pérdidas y modificaciones (o «el caso de la transformación de Gohan en SSJ2»)

Hacía tiempo ya que no dedicaba un post a algo así, ¿verdad? ¡El blog vuelve a sus raíces! xD

No, va, fuera de coñas. Como todos sabéis, una de las expresiones más célebres aplicadas  a nuestra profesión es aquella de traduttore, traditore (por desgracia, bajo mi punto de vista). Si bien es cierto que muchas veces nos vemos obligados a modificar elementos del texto original para que el texto meta resulte atractivo para su público por innumerables motivos (desde la presencia de elementos culturales desconocidos, chistes o juegos de palabras intraducibles que haya que cambiar por completo hasta decisiones impuestas por el cliente que puede que no siempre sean las más adecuadas, pasando por modificaciones impuestas por el propio medio, como puede ser el caso de la subtitulación o el doblaje, donde predomina la restricción de caracteres o el movimiento de los labios y los cambios de plano), otras veces no somos nosotros quienes nos «cargamos» la esencia del original. (más…)

Traducir canciones… para ser cantadas (II)

En el post Traducir canciones… para ser cantadas hablé sobre el hecho de si, cuando escuchamos una canción traducida a otro idioma diferente, se puede hablar de ello como traducción propiamente dicha o si deberíamos llamarlo mejor adaptación o versión, ya que cada idioma tiene unas especificidades diferentes en cuando a rimas, sonidos, cadencias, etc., y hay que adaptar todo el contenido a todas esas restricciones sin perder de vista los significados originales (o, al menos, eso es lo ideal).

Pues bien, hoy os quería traer una segunda parte a modo de curiosidad centrándome en los openings y los endings (es decir, las canciones de apertura y cierre) de algunas series de anime, ya que rebuscando en Youtube me encontré cosas bastante curiosas que quería compartir con vosotros.

(más…)

Esos pequeños detalles…

EDITO: corrijo la publicación por metedura de pata monumental mía al no haber consultado el texto original antes de escribir esto, pido perdón por ello. Gracias a los que habéis rectificado mi error en los comentarios.

Los traductores siempre tenemos que andar con mil ojos a los detalles, porque muchas veces nos podemos encontrar con situaciones como la que me encontré al revisar uno de mis cuentos de postgrado. Siempre habrá que evaluar las posibles soluciones y al final tiraremos de la que más nos guste, la que más nos convenza o la que mejor se adapte al contexto cultural.

El caso es que viendo un capítulo de Los Simpson (sí, repetidos hasta la saciedad, pero yo los sigo viendo porque siempre descubro algo nuevo) me fijé en una traducción que me chocó. Concretamente la que aparece en el segundo 0:50 (ved el fragmento entero que así os situáis mejor):

Para quienes queráis ver la primera parte, podéis hacerlo aquí.

¿Inocente es con g o con j? Los que sabemos inglés relacionamos inmediatamente este resbalón tremendo con guilty / not guilty (culpable / inocente). Si llevara alguna letra relacionada no pasaría nada, pero da la casualidad de que no encontramos ninguna g ni ninguna j en toda la palabra, por lo que choca bastante al oírlo en español y no se entiende qué es lo que pasa en esta escena. Sabemos que Homer es tonto, pero tanto ya no.

Contra lo que yo pensaba, la situación original es la siguiente (cito la respuesta de Manuel Saavedra, gracias por el apunte):

el diálogo original (que podéis encontrar aquí: http://www.snpp.com/episodes/1F19.html), dice:

Homer: OK, fine. How many S’s in “innocent”?

Homer, hablante de inglés, cree que «innocent» se escribe con s (la palabra se pronunciaría igual: tanto si se escribe «innocent» o «innosent» se leería con /s/).

Si tuviese que explicar qué llevó al traductor (o la traductora, probablemente) a tomar esta decisión, diría que tomó como única referencia el texto escrito, lo que le impediría percatarse (por asociar la «c» al fonema /θ/) de que un hablante de inglés puede dudar a la hora de escribir la palabra. Por eso habría optado por esta solución, aunque sin duda, la solución que presentas en la entrada sería mucho más adecuada para este caso.

Por si os interesa, en la versión en español para Latinoamérica ha quedado «¿Inocente se escribe con c?». Pero claro, ellos sesean…

Visto el texto original, sigo diciendo qu la solución propuesta por la persona responsable de la traducción no me convence. En este caso además podía haber jugado con la h: ¿inocente es con h o sin h?

Fallo seguramente producto de las prisas, o de querer respetar la broma original. Ahora bien, salta al oído, la verdad. Y los actores de doblaje se leen el guión antes de actuar. Ya sé que ellos actúan con lo que les ponen delante,  pero yo me pregunto si es que no se dieron cuenta, o si es que no se les permite hacer observaciones sobre el texto que les dan, aunque sea algo así de chocante. Si alguien me puede iluminar en este terreno, se lo agradezco :).

Pues eso, ¡llevad cuidado con los detalles cuando traduzcáis! 😉

Los insultos, esos elementos “jodidos” de traducir

Tras un montón de tiempo de inactividad vuelvo al ataque, y esta vez dedico un post al tema de los insultos. Porque aunque lo parezca, nunca es fácil decidir a qué nivel vamos a traducir un taco en ningún soporte (audiovisual o escrito).

No sé si sabréis que el español es una de las lenguas más ricas en cuanto a insultos (que, para quien le interese, están recopilados en El gran libro de los insultos), y además insultos a todos los niveles, desde “tonto” hasta otras cosas que mejor no pongo porque entonces me vetan el blog.

El arte de traducir los insultos está en ser capaz de buscar el equivalente en la lengua de destino no perfecto, sino adecuado a cada situación y soporte que estemos trabajando, ya que cada lengua tiene una manera diferente de conceptualizar la realidad. Voy a intentar poner algunos ejemplos en inglés y en árabe.

Empezamos por el inglés y voy a tocar el soporte audiovisual, que cómo no, siempre es el más afectado por estas cosas. Dentro del soporte audiovisual tenemos dos posibilidades: el doblaje y la subtitulación.

  • Doblaje. No sé si os habréis fijado en que la lengua inglesa abusa del adjetivo fucking para todo. He aquí un vídeo que lo demuestra claramente (se puede seguir perfectamente en inglés):

    Bueno, después de las risas os habréis dado cuenta de que es real como la vida misma. La pabra fuck en inglés no tiene la única traducción de “joder” o “jodido”, sino que en español se le puede dar un amplio espectro de posibilidades gracias a la riqueza “insultadora” de nuestra lengua (por eso me chirrían los oídos cada vez que escucho en un doblaje: “¡Es que ese jodido perro me ha mordido!” Por favor, eso no suena natural en español, podemos usar en su lugar “puñetero”, “desgraciado”, “maldito”…). Lo que pasa es que estamos tan acostumbrados a escucharlo que ya el oído se hace a escucharlo, pero si os paráis un poco y lo miráis con detenimiento, ese adjetivo no lo utilizamos en nuestro lenguaje del día a día.
    Otro insulto inglés muy característico es el bastard. Esta palabra no significa sóla y únicamente “bastardo”, sino que volvemos al contexto y a la situación. Podemos usar “capullo”, “gili******”, “cab***”, y unos cuántos más que seguro se os puedan ocurrir de ese estilo (me tengo que autocensurar que estos no son modales…).

  • Subtitulado. Este medio siempre es más delicado, primero por la falta de espacio, y segundo, porque los insultos escritos siempre quedan más fuertes visualmente y provocan un impacto mayor sobre el espectador (y lo mismo se puede aplicar al lector de un libro). Evidentemente, todo depende del entorno en el que nos estemos moviendo, así que voy a enlazar con el árabe gracias a una película marroquí que se proyectó en la Escuela de Traductores en original con subtítulos en castellano hechos además por ellos mismos.
  • Enlazo ahora con los insultos en árabe. En esta lengua los peores insultos son palabras que designan animales, como “kalb” (perro) o “himar” (burro). En español estas dos palabras tienen la connotación de que ser “perro” es ser un gandul, y ser un “burro” significa ser analfabeto (que aunque no tengo la percepción de la lengua árabe vivida como materna, me parece que poco tienen que ver con la significación española… si no es así corregidme, gracias ^^). El caso, no podemos traducir estas dos palabras literalmente porque la traducción quedaría realmente pobre: son insultos con una carga muy ofensiva en la lengua de origen y no nos podemos quedar cortos en la lengua de destino, por lo que tendremos que jugar con palabras de ofensa similar en español.
    Y reengancho a cuento de esto con el tema anterior de la subtitulación. Proyectaron la película “Casanegra” en original marroquí subtitulada al castellano, como ya he comentado.
    La película se desarrolla en Casablanca y tiene como protagonistas a dos jóvenes que tienen que buscarse la vida como buenamente pueden en un ambiente no muy amigable que digamos, por lo que todo el lenguaje que se utiliza en la película es bastante barriobajero y lleno de insultos. En este caso, los insultos son una marca de escala social dentro de la película, por lo que no se pueden ni suavizar, ni eliminar (recuerdo que en una escena un francés los llama en marroquí: “wulad ez-zenqa”, literalmente “chicos de la calle”. Traducción del subtítulo: “escoria”. A mi parecer, sencillamente maravilloso).
    Como vemos una vez más, todo dentro del mundo de la traducción es relativo y no hay soluciones únicas ni perfectas. Ese es nuestro reto del día a día.

    Riesgos en TAV

    Ayer estaba viendo “Santa Claus 3” y localicé un pequeño fallo que podríamos llamar… ¿típico? ¿Normal? ¿Comprensible? en traducción audiovisual. Era una pequeña discordancia de lo que mostraba la imagen con lo que se había traducido. Si alguien vio la peli supongo que se daría cuenta o al menos lo encontraría “extraño”. Y me explico.

    Se reune el Consejo de criaturas mágicas (Santa, la Madre Naturaleza, Cupido, el Conejito de Pascua, Padre Tiempo, Morfeo, Frío) y entre ellos había otro personaje, el Hada de los Dientes.
    ¿Cuál es el problema? Pues que en nuestra tradición no existe el Hada de los Dientes de los anglosajones, sino el Ratoncito Pérez. Pues bien, el traductor, que por supuesto era consciente de esta diferencia cultural, optó por familiarizar esta referencia: “¿Cómo estás, Ratoncito Pérez?”. Claro, cuando enfocan la escena, vemos que no hay ningún ratoncito por ninguna parte, sino que estaba el Conejo de Pascua con un hombre que llevaba unas alitas a la espalda (sí, un Hada de los Dientes un poco ridícul@, pobre hombre…). Para más inri, poco después te enfocan a la susodicha hada sentada en su silla y con un cartelito con su nombre en inglés (Tooth Fairy).
    Supongo que el fallo puede deberse a que tal vez dieron al traductor el guión, pero no la cinta, lo cual está claro que no es lo ideal para que el traductor trabaje porque pueden producirse este tipo de fallos tontos, pero a veces pues la productora lo hace así. Creo que la traducción hubiera sido estupenda de no haber aparecido ninguna imagen que la contradijera, pero esta vez no ha habido suerte.

    Relaciones de poder

    Uno de los temas delicados que encontramos en traducción es el de las relaciones de poder. No es fácil decidir en algunas ocasiones cuándo tenemos que traducir por “tú” o por “usted”, ya que depende no sólo de la vertiente lingüística, sino también de la cultural (tanto la de origen como la de destino).

    Cada idioma y cultura tiene establecidos unos mecanismos lingüísticos para diferenciar las relaciones de poder entre hablantes. Por ejemplo, en español peninsular diferenciamos entre el tuteo y el usteo, y empleamos el usteo cuando tenemos que dirigirnos a una persona mayor en edad o en rango; en cambio, en el español de Latinoamérica también emplean el usteo para dirigirse a una persona que desconocen,  independientemente de la edad (podéis corregirme si me equivoco). En alemán funciona igual: emplean el pronombre Sie para dirigirse a cualquier persona que no entra en su círculo habitual de amistad, independientemente de la edad.

    Luego tenemos lenguas más extremas como el japonés, donde las relaciones están marcadísimas por sexo, edad, rango y familiaridad con el interlocutor. Marcan estas relaciones con un sufijo al final de cada nombre para indicar la escala de respeto (la siguiente explicación la he sacado de esta página: http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20070601191643AAjVAI0):

    -san ( -さん ): se añade después del nombre de las personas. Es un sufijo de cortesía y respeto (se utiliza tanto para personas de la misma edad como para personas mayores que tú).

    -kun ( -君 ): se añade después del nombre, lo usan hombres y mujeres mayores cuando se dirigen a un hombre menor que ellos (si eres mujer no uses este sufijo con hombres mayores que tú)

    -sensei ( 先生 ) – significa maestro; se le puede decir a la persona que te enseña artes marciaesl o al profesor de la escuela. También se utiliza para los médicos ( isha [医者] ), pero ¡cuidado! , sólo cuando estás hablando con el doctor directamente puedes añadir sensei, ejemplo: onaka ga itai sensei (me duele la cabeza).

    -chan ( -ちゃん ): se añade después del nombre de personas mas jovenes que tú. Es una expresión de cariño y confianza: se usa para los amigos, familiares (hermana menor, hermano menor, primos menores, etc.) y niños. También se utiliza para las mascotas.

    -sama ( -様 ) : es un sufijo de cortesía para personas importantes (es más respetuoso que -san).

    -senpai ( -先輩 ): se añade después del nombre de la persona. Este sufijo es de respeto y cortesía para compañeros de trabajo, escuela, o que practican algún arte (shodō,aikido,kendo, etc..) en común contigo. Enfatiza que es una persona con más experiencia que tú.

     

    Un jaleo, ¿verdad? Y en contraposición a esto tenemos lenguas como el inglés y el árabe, que carecen de pronombres o sufijos que marquen esas diferencias.

    Y ahora es cuando viene el asunto espinoso. ¿Cómo reflejamos esas diferencias de poder en nuestra propia lengua? ¿Las reflejamos conforme al original o lo adaptamos a la cultura y a las normas de la lengua de destino? ¿Tenemos libertad para alterar las relaciones de poder que el autor establece según su cultura? O ¿acaso no sería libertad, sino el deber de hacer la lectura asequible para el lector (en este caso español) y evitarle “rarezas” en la traducción empleando fórmulas con usteo en situaciones en las que  nosotros usaríamos un tuteo?

    El caso del japonés por ejemplo da mucho juego y es muy interesante. ¿Qué hace un traductor cuando se enfrenta a todas esas partículas dentro de una obra? En español, a no ser que sepamos japonés, esa información no nos añade nada relevante, y de hecho, si el traductor decide dejarlas, debería poner una nota explicando el uso de dichas partículas al lector (en caso de que la obra vaya destinada a un público general no especialista en cultura japonesa, claro). Si decide naturalizar el texto, tendrá que hacerlo con todas las consecuencias, obviando las diferencias que marca el original y adaptándose a las situaciones tal y como se producirían en la cultura española, lo cual también supone una pérdida importante de información del original que no podemos reproducir mediante nuestra propia lengua  porque carecemos de los mecanismos adecuados para ello. ¿Habría algún motivo para dejar las partículas si la obra va destinada a un público general? Claro que sí: el exotismo que infiere el uso de algo que para nosotros es desconocido.

    De hecho, en las subtitulaciones de los fansubs se ven las diferentes opciones a las que se puede recurriralgunos dejan las partículas después del nombre (Kurosaki-kun, Enjin-sama, Nanao-chan). ¿Motivos? Pues porque suponen que va dirigido a un público que entiende del tema (gente aficionada al anime y al manga), porque si en efecto esa gente entiende un mínimo queda extraño escucharlo en el original y no verlo reproducido en los subtítulos, porque efectivamente queda “exótico” dejarlo así… y también tenemos la otra versión, gente que lo elimina porque piensa que no es indispensable y que lo único que hace es liar al espectador-lector. En un doblaje por ejemplo sería diferente, y tengo casi por seguro que las relaciones se transferirían sin dudas con un “usted” aplicado a las relaciones tal y como las mantenemos en español, conservando sólo del original la partícula “sensei”, ya que es la más conocida de las que hemos citado.

    ¿Y qué pasa en el caso contrario? Pues habrá que adaptarse al contexto, como es el caso del inglés. Si es una relación entre amigos, compañeros de trabajo, jefe-empleado, profesora-alumno… aquí será el traductor quien deba evaluar el tono a emplear, y si debe ir cambiándolo gradualmente a medida que pasa la obra o no. Un ejemplo: una empleada tiene un romance con su jefe. ¿Cuál es el trato que se dan en la oficina después de salir de la cama? ¿Mantienen la distancia para ocultar los hechos o cambian la forma de tratarse llamándose de “tú”?

    A veces lo que parece más evidente a la hora de traducir no lo es tanto…

    ¡Porque yo lo valgo!

    ¿Alquien se ha parado a pensar qué significa esta frase? Si lo pensamos bien, no tiene sentido ninguno. Decimos que una persona “vale” en el sentido de que sirve para algo: No valgo para estudiar, no valgo para este trabajo. ¿Pero “porque yo lo valgo”? Si sustituímos la palabra por servir, “porque yo lo sirvo”, vemos que no tiene sentido ninguno en español.

    ¿Qué es lo que pasa? Pues que el original en inglés es “Because I worth it”, cuya traducción sería “Porque yo lo merezco”, pero por algún motivo algún componente de la cadena del doblaje (que va del traductor al director de doblaje, pasando por supuesto por los clientes, adaptador, etc.) decidió que, o bien no cuadraba con el tiempo, o no encajaba bien con el movimiento de los labios. O si no es ninguna de estas dos opciones, entonces es que “porque yo lo merezco” no tiene tirón comercial.

    Flashforward

    El otro día tenía la tele puesta de fondo, cuando de repente escucho algo similar a esto: “Es el flashforward. Ha vuelto a ocurrir”.

    Yo conocía la existencia de la serie y sabía que el título lo habían dejado sin traducir, pero no me imaginaba que en la traducción la palabreja fuera a quedar tal cual. Como reacción instantánea abrí los ojos como platos y me fui hacia la tele a echar un vistazo, y flashforward por todas partes. Me chirriaba y me sigue chirriando, qué queréis que os diga.

    Si bien es cierto que hoy en día nuestra hermosa lengua castellana está plagada de barbarismos (entiéndase “barbarismo” como  “extranjerismo”) y estamos más o menos acostumbrados a escuchar palabros en inglés, unas tienen más aceptación y cuajan mejor que otras. Ya no se hacen audiciones, sino castings, y un alquiler es un renting (sobre todo en coches). Y para qué vamos a hablar de los anuncios de cosmética: nos bombardean con anuncios sobre liftings, glosses, eyeliners y vete a saber cuántas cosas más. Un lifting es un estiramiento de piel (¿pero a que dicho en español pierde glamour?), un gloss es un brillo de labios, y un eyeliner, un delineador de ojos. Pero la conomía lingüística es lo que prima al parecer hoy día, y más en los medios audiovisuales donde lo más importante es que cuadre el tiempo de doblaje y el movimiento de los labios.

    En economía, donde los fenómenos se suceden a velocidad rayo, no merece ni la pena intentar traducir los términos que surgen día a día, porque los economistas lo entienden en inglés y así lo usan, como es el caso de placing (que significa “colocación institucional”, pero para qué usar una palabra tan larga cuando dices placing en este contexto y todo el mundo te entiende incluso mejor que si lo dijeras en castellano),  joint venture (que ni se traduce), holding (que para colmo en español es un falso xenismo, porque el holding español no equivale al holding inglés, sino que equivale a lo que en inglés se llama group o conglomerate), y así podría seguir media tarde.

    Y dicho todo este rollo, vuelvo a flashforward. A ver cómo demonios se traduciría esto:

    Flash-forward: A transition (in literary or theatrical works or films) to a later event or scene that interrupts the normal chronological development of the story.

    Vamos, que es justamente lo contrario a un flashback (hale, otro extranjerismo más). Y claro, por lógica aplastante decimos: “es que si flashback lo tenemos ya integrado en nuestra lengua, ¿por qué íbamos a traducir flashforward? Además, por la imagen se entiende de lo que están hablando. E igual que ha calado flashback, pues calará flashforward a base de usarlo.” Bien, de acuerdo. Pero, ¿con qué frecuencia  hablamos de flashback y con qué frecuencia hablaremos de flashforward? En ninguna película que haya visto o libro que haya leído se menciona este fenómeno, lo he conocido gracias a esta serie, que seguramente pretende ser una novedad en el género. Pero a pesar de esta lógica aplastante , la decisión de dejar flashforward sigue sin convencerme por un motivo: no creo que la frecuencia de uso llegue a la de su antónimo, y aun siendo así, como receptora española me duele que introduzcan con calzador una palabra extranjera de esa forma en una serie.

    Creando humor: p***das de la traducción, vol. II

    Todos conocemos la serie Los Simpson (después de llevar creo que cerca de 20 años en antena aquí en España, como para no conocerla). Lo que en español vemos tan gracioso, para traducir algunos capítulos dan ganas de morirse con los juegos de palabras que ofrecen, y cuando se traducen bien, ahí es cuando se hace reír al público espectador. El fin último es provocar la misma reacción en el público meta que en el origen.

    El otro día estaba viendo el capítulo en el que Homer se hace crítico culinario. Cuando están urdiendo la conspiración para liquidárselo con el pastelito bomba, enfocan el restaurante del Capitán McAllister desde fuera y leo en un cartelito (pequeños detalles que una va percibiendo conforme se ve los capítulos mil veces, y no lo digo de coña): “We arrr closed”. Todos conocemos al Capitán por esa famosa onomatopeya, y estamos ante un clarísimo juego de palabras. ¿Cómo porras lo pasamos al español? Por supuesto, el contenido del cartel no aparecía subtitulado, pero imaginad que tuviérais que subtitularlo… Está claro que en un casi 100% perderíamos esa gracia que nos ofrece el inglés.

    Otra. Capítulo donde se impone el toque de queda para los niños. Cuando están viendo la película de “The Bloodening” (traducida y una opción muy buena como “El sanguinariamiento”), Nelson dice (aproximadamente): “Ahora empiezo a cogerle el gustillo al idioma de Shakespeare”. Y claro, el espectador español dirá: pero si son americanos, también hablan inglés. Sí, pero su acento es muy diferente, y más tratándose de un niño como Nelson, con todas las circunstancias sociales y familiares que le rodean, lo que condiciona mucho su estrato social y ello se refleja en su idiolecto a nivel de habla personal. A un americano, el inglés británico estándar le suena “pijo”, y es lo que intentan reflejar en el doblaje poniéndole ese acento un tanto “pijillo” y repelente a los personajes que aparecen en la película. Evidentemente, se pierde parte de la gracia. Ni que decir tiene lo raro que queda lo de “el idioma de Shakespeare” cuando encima están doblados al español, aunque a ver entonces cómo metes esa información. ¿Podríamos decir para familiarizar “el idioma de Cervantes”, por una equivalencia cultural?

    Una más. Capítulo en el que se van a Australia, lo que pasa es que no me he visto el original… Marge entra en un bar y pide un café. El que está en la barra le dice que tienen cerveza. Resultado:

    Marge: quiero un ca-fé
    El otro: cerveza
    Marge: un caaa-féé
    El otro: cer-ve-za
    Marge: un caa-
    El otro: vee-zaa

    Lo dicho, no he visto el original, pero supongo que jugarán con el acento australiano y con alguna palabra propia de su jerga. El caso es que en español el resultado con el que dio la traductora es buenísimo xDD.

    De los Simpson hay a montones, así que ya iré poniendo para que reflexionéis sobre las dificultades a las que se enfrenta un traductor con el tema del humor…