• La autora

    Mi nombre es Eva María Martínez. Licenciada en TeI por la UMU en 2009, he trabajado como in-house durante más de 3 años y he dedicado otros cuantos al fansubbing. En la actualidad soy traductora autónoma y coordinadora de la Revista Traditori.

  • ¡Sígueme en Facebook!

  • ¡Sígueme en Twitter!

    • Creía que el servicio de @ASM_oficial no podía ir a peor después de algunas malas experiencias con ellos, pero veo que me equivocaba... 1 month ago
  • RSS RSS Feed

  • ¿Te ha gustado el blog? ¿Quieres estar atento a las próximas entradas? Entonces introduce aquí tu dirección de correo electrónico y haz clic en «¡Me apunto!». ¡Fácil y rápido!

    Únete a otros 8.678 seguidores

  • Coordinadora de la…

    Revista Traditori
  • ¡Los traductores NO trabajamos por cacahuetes!

    Join the No Peanuts! Movement
  • Archivos

  • Busca las entradas por categorías

  • Meta

Nuevas experiencias (I)

Tras nosécuántos meses y varias entradas de carácter más técnico enfocadas a herramientas, hoy os traigo una publicación algo más personal. Porque casi nunca se cuentan los miedos personales: siempre mola más contar lo bonito, lo que sale bien. O lo que sale mal y lo que se ha aprendido con la experiencia. O de proyectos que suponen un desafío por el campo de especialidad y la envergadura o la importancia. Pero es raro que se hable de miedos.

Así que esta es la historia de los miedos a los que tuve que enfrentarme hace ya algo más de un año. Mi primer «proyecto» por mi cuenta. Dicen que los contactos en este mundo son muy importantes, y vaya si lo son. Este proyecto me llegó de manos, ni más ni menos, que de una de las que fueran mis profesoras de interpretación en la universidad. Era una interpretación de acompañamiento para una empresa de relocation. Uno de sus clientes enviaba a uno de sus trabajadores a trabajar a las oficinas que tienen en Murcia. Así que se trataba de interpretar durante la búsqueda de vivienda, de colegio y de servicios sanitarios. (más…)

Anuncios

Revista Traditori n.º 3: la traducción y la interpretación en los SS. PP.

Llevo más de dos años con esta entrada en mente y con este título parado esperando para darle salida, y gracias al tema que hemos elegido como hilo conductor del tercer número de la Revista Traditori, pues al fin lo he conseguido.

Efectivamente, como ya habréis podido deducir, este tercer número de la revista lo hemos dedicado a la traducción y la interpretación en los servicios públicos. ¿El motivo? Simplemente, creemos que es una rama de nuestra profesión de la que se habla poco en general y que además no goza de demasiado prestigio, a pesar de ser un servicio completamente imprescindible en la sociedad de hoy en día. Eso, añadido a las condiciones de contratación y a la obsoletísima regulación existente, no hacen que el panorama sea muy alentador para aquellos profesionales que se dedican o para aquellos (recién) licenciados que quieran dedicarse a esta especialidad.

Por supuesto, y como ya es costumbre, hemos contado con especialistas del gremio como Iciar Pertusa (autora del blog «Idiomáticamente»), Carmen Cedillo Corrochano (autora del blog «Desde mi mundo»), Tenesor Rodríguez Perdomo (autor del blog «Si la Malinche hablara») y Alejandra Sanz Godoy (autora del blog «Mil y una traducciones»). En el interior de la publicación podréis disfrutar de entrevistas a todos ellos y contamos además con una nueva sección de la mano de Eugenia Arrés (@earres), que nos hablará sobre ética profesional. En Docencia, Chiara Elissa Torres (@ChiaraElissa) nos habla del derecho a desempleo de los autónomos, José Manuel Manteca (@jmmanteca) sigue hablándonos de los archivos PO, Gloria Fiorani (@gloriafiorani) analiza un nuevo blog y un nuevo perfil de Twitter y, por supuesto, podréis volver a reíros con nuevas tiras de Mox y Les Belles Infidèles, conocer nuevas curiosidades etimológicas que presentamos como pildoritas a lo largo del número recopiladas por Patricia Lluberas

Pero el número no acaba aquí, porque estamos preparando un suplemento especial dedicado íntegramente a la traducción y a la interpretación en los servicios públicos para quien quiera leer más sobre el tema. Esperamos poder publicarlo próximamente, aunque no tenemos fecha definida aún (seguiremos informando :P).

¿Que dónde podéis leer este nuevo número? Pues como siempre, en la web de Traditori. Os recuerdo que, si lo que queréis es descargaros el PDF, tenéis que abrir el enlace, hacer clic con el botón derecho sobre el archivo y, a continuación, clic en Guardar como para almacenarlo en vuestro equipo. Y sí, sacaremos versión para libro electrónico, pero llevará algo de tiempo porque depende de una colaboradora de la red.

Esperamos que disfrutéis de la lectura tanto como hemos disfrutado nosotros con la elaboración este nuevo número.

El árabe y la diglosia

Bueno, el post de hoy es una pataleta hacia mi segundo idioma de trabajo: el árabe. Me gustaría explicar desde aquí cuál es la realidad de esta lengua, ya que cada vez que me preguntan ¿qué idiomas has estudiado? y lo menciono, la respuesta suele ser: “uy, ¿y escribes al revés?; “Uy, ¿y entiendes todos esos signos raros?”; “Uy, y entonces, ¿entiendes a los marroquíes y hablas con ellos?”. Una de esas tres cae siempre, no suele fallar.

Por desgracia para los que decidimos estudiar este idioma, en el mundo árabe existe lo que se llama diglosia. Es decir, que hay dos realidades lingüísticas diferentes. Aunque bueno, en realidad yo distinguiría tres estratos de lengua:

  • El árabe clásico;
  • El árabe estándar;
  • y el árabe dialectal.

El árabe clásico (fusha) es la lengua árabe en estado puro y la encontramos en El Corán (el Libro por excelencia) y en los textos clásicos. Claro que eso no lo habla nadie, y si hablas así, lo más seguro es que te miren con cara rara y piensen que estás chalao (a no ser que seas Yasser Arafat o alguien de su calibre como orador).

El árabe estándar es una “simplificación” del árabe clásico, y como su “nombre” indica, es una lengua estandarizada (y por tanto, irreal) para todo el mundo árabe. Esto es lo que nosotros aprendemos cuando decidimos estudiar árabe: es la lengua de la escuela, de la escritura y la lectura, y por extensión, la de los medios de comunicación (periódico y radio), libros de texto, novelas modernas… Gracias al árabe estándar podemos leer, escribir y comunicarnos con cualquier hablante de cualquier país árabe. Bien por las dos primeras, por la última no tanto porque va a depender mucho de a dónde nos vayamos. En todos los países árabes te van a entender porque están acostumbrados a escuchar este estrato en la televisión y en la radio. Ahora bien, no esperes que cuando te respondan, lo hagan en árabe estándar. Y menos si estás en Marruecos y países vecinos.

El árabe dialectal (dariya o ‘ammiyya) es la verdadera lengua materna de los árabes: la que hablan en la vida diaria. Y aquí ya, cada país y cada zona, es un mundo. El dialectal marroquí por ejemplo (dariya) se caracteriza porque las vocales en sílaba abierta caen (de ahí que cuando escuchamos hablar a dos marroquíes sólo oigamos consonantes); en el norte usan muchas palabras españolas (cosa que en el centro y en el sur no ocurre) y tienen muchas palabras de origen bereber. En Egipto, el sonido yim (ج) cambia por gayn (غ), así que en lugar de yiddan vamos a escuchar giddan, y si eso no lo sabemos, nos podemos volver locos intentando descifrar lo que nos dicen. En Siria, el dialectal es sumamente “cantarín”… las estructuras de dialectal en dialectal cambian, la forma de articular la gramática cambia, cambian la pronunciación y la entonación, el vocabulario y hasta la forma de saludar. Mientras que los dialectales de la zona de Oriente Próximo comparten rasgos, los del Norte de África son más cambiantes, y un marroquí no se va a entender con un jordano a no ser que hablen en estándar o que ambos estén acostumbrados al dialecto del otro.

Ahora voy a enfocar todo esto a la traducción y a la interpretación. Para traducir tenemos que dominar por obligación el fusha/árabe estándar (según el tipo de textos que vayamos a traducir, claro. La diferencia estriba en que en fusha nos pueden aparecer complicaciones a nivel sintáctico y gramatical que en estándar se simplifican por pura comodidad); en cambio, para interpretar, además del estándar es muy recomendable que conozcamos al menos un dialecto (el mayoritario que se requiera en la zona; en el caso de la Región de Murcia, el marroquí). ¿Por qué? Muy sencillo. Imaginad que repartís CV por hospitales o comisarías (aunque ahora las comisarías usan un servicio centralizado mediante subcontrata, pero es por poner un ejemplo) diciendo: yo sé árabe, esto lo puedo hacer sin problema porque con el estándar puedo comunicarme con cualquiera. Pues no, error. Si os llaman y os ponen delante de un marroquí en la consulta para que interpretéis, y no habéis escuchado en la vida a uno ni habéis visto jamás nada de dialectal, os puedo asegurar que vuestra cara va a ser de póquer total, porque no se les entiende absolutamente nada como no se tengan unos conocimientos mínimos sobre cómo funciona y hay que hacer muchíiiiisimo oído. Si intentáis usar el estándar lo más seguro es que os entienda, pero no esperéis que la respuesta vaya a ser en estándar, a no ser que sea una persona formada con estudios universitarios o algo por el estilo (cosa rara en esta zona al menos). Como mucho, empezará las 2 primeras palabras en estándar, y luego se pasará al dialectal, porque es lo que a ellos les viene cómodo.

En resumen: si queréis traducir, el estándar es suficiente. Si queréis interpretar, os recomiendo que le metáis caña a un dialectal (pero que sea útil). Y volviendo a las preguntas del principio, la escritura es lo menos complicado de esta lengua; los “signos raros” son letras de un alfabeto de 28 letras (aunque a nosotros nos parezcan puntos y rayas sin sentido) y no, no entendemos a los marroquíes a no ser que estudiemos dialectal marroquí.

Y otro día, más :D. Si queréis que trate algún aspecto concreto de la lengua por curiosidad, me lo podéis decir sin problemas que lo tendré en cuenta para escribir sobre ello ;).