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    Mi nombre es Eva María Martínez. Licenciada en TeI por la UMU en 2009, he trabajado como in-house durante más de 3 años y he dedicado otros cuantos al fansubbing. En la actualidad soy traductora autónoma y coordinadora de la Revista Traditori.

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Los fansubs: el caso de traducciones (no tan) amateur

Los que sigáis este blog y le hayáis echado un vistazo al apartado de “Mis proyectos” habréis visto que una de mis aficiones es la traducción “amateur” de anime y manga, actividad más conocida como fansubbing o fansubeo.

¿Cómo me metí en ese berenjenal? Pues fue allá por el año 2007 que las clases de la universidad de aburrían soberanamente (un 99 % de teoría que por fortuna se subsanó en los dos últimos años) y yo sentía que necesitaba traducir. Y qué mejor manera de empezar que en un terreno que me gustaba, aunque fuera sin cobrar: traducir animación japonesa. Servidora se metió en el portal Mcanime y, rebuscando por el foro, encontré un rinconcito dedicado a los fansubs y a la búsqueda de personal por parte de estos, o incluso para poder ofrecerte tú para traducir. El administrador de AksFansub se interesó por mí, y me mandó una prueba de traducción y otra de corrección. Pasé las dos y estuve colaborando con ellos hasta mayo del 2010. (más…)

Moralidad y traducción

El otro día estuve hablando con los administradores de Anime Underground, (el fansub de mayor calidad al español que he podido ver hasta la fecha) para ver si tenían un huequito para poder colaborar con ellos como traductora (sí, desde que Aks cerró el chiringuito, tengo mono de fansubear y fantraducir). Comentándome que en el original de AU estaban las plazas cubiertas, uno de ellos me dijo (creo que medio en broma, medio en serio) que me presentara a ENS, la rama del fansub dedicada a las series hentai (inactivo hasta nueva orden).
Lo primero que me especificó fue que para traducir en esa rama tenías que ser ya conocido dentro del fansub, es decir, que tienes que tener cierta confianza con el resto de participantes y con los que llevan el “tinglao” (lo cual ya indica que cualquiera no puede traducir este tipo de textos llegando de buenas a primeras). Y hablando del tema del léxico, me explicó que ellos no traducen los diálogos de las escenas explícitas, sino que se las inventan, y que sólo se atienen al original en los fragmentos relacionados con la trama (sé lo que estáis pensando, y os voy a contestar lo mismo que él a mi pregunta de: “¿pero los hentai tienen trama?” – “Bueno, toda la trama que un hentai puede tener”).
Reconozco que ese procedimiento me chocó bastante en un principio, pero tras pensarlo unos minutos me di cuenta de que tenía toda la lógica del mundo. ¿Por qué? Pues porque al despegarnos del texto, tenemos mayor libertad y el diálogo va a fluir con mayor naturalidad. Si nos inventamos los diálogos echándole imaginación al meternos en la escena evitaremos crear diálogos acartonados, seremos parte del personaje y seguramente pondremos lo que serían nuestras propias palabras en él.
Y entonces es cuando me planteo lo siguiente: ¿Podría suponer un texto de estas características y con ese requerimiento -inventarse los diálogos- un problema para un traductor? Está claro que para alguien que tenga ciertas creencias sí que lo va a suponer y seguramente no aceptará el encargo. Pero para un traductor que se considere un mero transmisor para evadir así cualquier implicación moral, ¿aceptaría el encargo si tuviera que mojarse poniendo sus propias palabras en el personaje? Fijaos en que la perspectiva cambia sutilmente: pasamos de ser un simple filtro a ser los creadores del diálogo. ¿Es lo mismo que veamos en una viñeta el parlamento Oh yeah, fuck me! y limitarnos a escribir su traducción (que por cierto, podemos jugar con la intensidad, desde un Oh sí, ¡dame más! hasta un Joder, sigue fol*******!) a tener que escribirlo nosotros prescindiendo de los diálogos? ¿Cabría la posibilidad de que el traductor se sintiera “sucio” por estar creando esos diálogos a partir de su mente? Tengamos en cuenta que el público no va a saber si el diálogo es inventado o no, pero el traductor sí que lo sabe. ¿Sacrificaríamos una mayor calidad en la traducción -porque estos textos también pueden tener mayor o menor calidad, ojo- en pos de una represión personal externalizada en atenernos a los diálogos y no salir de ahí por miedo a parecer unos pervertidos ante el público o ante nosotros mismos?

Hale, ahí os dejo la reflexión. Ya sabéis que los comentarios sobre vuestras impresiones serán siempre bienvenidos ;-).

¡Las onomatopeyas también se traducen!

Pues eso, llevo tiempo queriendo escribir un post sobre las onomatopeyas, vocablos que imitan o recrean el sonido gráfico de la cosa o acción nombrada (según diccionario de la RAE).

Las onomatopeyas son propias sobre todo de los cómics y resultan, a mi parecer, una de las mayores complicaciones para un traductor, especialmente si tocamos idiomas como el japonés. ¿Por qué? Pues porque las onomatopeyas también se traducen señores, y a veces nos resulta muyyy complicado encontrar un equivalente en nuestra lengua porque bien:
1. No existe un equivalente.
2. Puede que exista, pero no es muy habitual y nos tendremos que romper la cabeza para poder formularla gráficamente en español y que se entienda.

Como ya he dicho arriba, las onomatopeyas imitan de manera gráfica el sonido de algo. Pero cada lengua usa unos recursos diferentes para expresarlos. Mientras que en inglés por ejemplo es frecuente ver onomatopeyas expresadas mediante verbos (ya que también son significativos en ocasiones del sonido de la acción), en lenguas con alfabetos no latinos transcriben como es evidente utilizando su propio alfabeto:

Esto es una muestra del griego. Primero nos toca leer la transcripción (sí, a veces se hace difícil saber que lo que estás leyendo es una transcripción, sobre todo cuanto te topas con palabras transcritas del inglés, es lo peor) y luego traducirlo al sonido español. En este caso las onomatopeyas serían:
Viñeta 1: μπαπ! –> ¡mpap! ¿Pero a que este no es el sonido con el que solemos describir que alguien se pega un trompazo contra algo? Es en este momento cuando me acuerdo de Ibáñez y su fantástica creación, Mortadelo y Filemón, y sus famosos ¡PLAF! o ¡PLOF! ¿A que esto sí suena más a español?
Viñeta 2: μπλρλρλρρ! πφλρφλλρρρ! πρρρρρρρ. —-> ¡Mplrlrlrr! ¡Pflrllrrr! Prrrrr… Así no nos suene a nada probablemente, pero el niño está haciendo pedorretas burlándose de su padre. ¿A que esto es más complicado de transcribir? Sería a lo mejor algo como ¡prrrrr!, en cuyo caso el último globo es más cercano a nuestra manera de pensar en una pedorreta.
Viñeta 3: ΠΑΦ! ΟΥΑΑΑΑΑΑΑ! —-> ¡PAF! ¡OUAAAAAA! La primera podría ser válida, pero para la segunda en español el llanto está “normalizado” onomatopéyicamente como ¡BUAAAAAAA!

Un caso fastidiado es el de los ingleses cuando deciden utilizar verbos a modo de onopatopeya. Yo me he topado con algunos y la verdad, en algunos casos me he tenido que romper la cabeza… Algunos ejemplos:
Tap, tap (ruido de pasos).
Cough (sonido para toser… ¿puede ser que alguna vez lo haya visto representado como atjó en español?)
Blush (ponerse rojo, ruborizarse. A ver cómo te lo montas).
Sigh (suspiro, en español podría ser ains).
Glare (mirada feroz, que no sé a ciencia cierta si se usa como onomatopeya propiamente dicha o es una traducción verbalizada de una onomatopeya japonesa -que me parece lo más probable-, pero en español queda larguísimo).
Lean (apoyarse)

Onomatopeyas no provenientes de verbos:
Sret (ruido del lápiz cuando escribe, ¿cómo ponemos eso? ¿Tal vez como ras?)
Urk (onomatopeya que equivale a llevarse un chasco, que en español podría ser ugg).
Hahaha (sonido de risa, no olvidemos que en español es jajaja, con jota).
Sneek (¿un crujido?)
Huff (soplido de alivio: ¡uff!)
Wof wof (ladrido, en español: ¡guau, guau!)
Meow (maullido, en español: miau).
Scurr (¿?)
Chirp (¿ruido de estar haciendo algo?)
Jeeez (sonido de estar molesto, equivalente a nuestro uuuuuff)
Aaaww! (sonido que indica que algo despierta ternura, en español: “Ooooh“)
Woow! (sonido de sorpresa: ¡Guau!, ¡hala!, ¡vaya!)
Yuhu!! (¡¡Yuju!!)
Ooops (sonido que indica que has metido la pata. En español: Uuups)

Por otro lado, si el inglés a veces da problemas, el japonés es lo más retorcido que hay para las onomatopeyas, ya que son una parte muy importante de la lengua y se escriben en katakana cuando representan un sonido.
En japonés se distinguen dos tipos de onomatopeyas: las referidas a sonidos y las referidas a una palabra con un sonido, como kuru-kuru para el pelo rizado.
En inglés en ocasiones las transcriben y yo al final opto por hacer lo mismo porque a algunas no les encuentro la traducción por ninguna parte, sencillamente porque creo que ni existen. Ejemplos:
biki-biki / baki-baki /boko-boko (al parecer es el ruido que suele hacer algo que sale o se destruye, suelo verlo en monstruos que se transforman y les salen protusiones y cosas así):

Gihya (gritos de monstruos, se podría traducir tal vez por groaaar, pero según el bicho que sea creo que queda ridículo en ocasiones), especialmente cuando es un bicho como este:
Ku… (cuando le dan a alguien, podría traducirse por agh).
Gisha (sonido de un monstruo atacando):

Basa (que alguien me explique qué porras es esto por favor xD):

Y con esas creo que son suficientes por hoy para reflexionar un poco. Resumiendo: que las onomatopeyas se traducen y nos tenemos que calentar los cascos para encontrar equivalentes. Un día recuerdo que estaba traduciendo un manga y la acción era que la chica (una especie de robot con formas y cuerpo humano) cogía las manos del chico y se las ponía en los pechos para que los tocara, en plan “¡mira qué blanditos están!”. Como lo estaba traduciendo del inglés, ellos usaban un verbo de acción para describir el sonido (no recuerdo cuál era y a saber dónde tengo la viñeta), y tuve que preguntar porque no se me ocurría nada. Hasta que mi novio me sugirió moquis, moquis. Suena muy gracioso y efectivamente, podía describir el sonido. En ocasiones cuando tenemos el cerebro saturado tenemos que acudir a a gente de nuestro alrededor, muchas veces nos pueden dar las solucioner idóneas a problemas a los que no les sacamos punta.

Y para quien esté interesado en este tema, dejo un par de enlaces por aquí:

http://www.ajapon.com/estudios/onomatopeya/
http://es.wikipedia.org/wiki/Onomatopeya

Y para quien quiera algo más duro:
INOSE, Hiroko. La traducción de onomatopeyas y mímesis japonesas al español y al inglés:los casos de la novela y el manga. Tesis Doctoral. Director: Dr. Roberto Mayoral Asensio; Co-directora: Dra. Kayoko Takagi. Septiembre 2009, Universidad de Granada. Departamento de traducción e interpretación.
Enlace: http://hera.ugr.es/tesisugr/18193778.pdf

Relaciones de poder

Uno de los temas delicados que encontramos en traducción es el de las relaciones de poder. No es fácil decidir en algunas ocasiones cuándo tenemos que traducir por “tú” o por “usted”, ya que depende no sólo de la vertiente lingüística, sino también de la cultural (tanto la de origen como la de destino).

Cada idioma y cultura tiene establecidos unos mecanismos lingüísticos para diferenciar las relaciones de poder entre hablantes. Por ejemplo, en español peninsular diferenciamos entre el tuteo y el usteo, y empleamos el usteo cuando tenemos que dirigirnos a una persona mayor en edad o en rango; en cambio, en el español de Latinoamérica también emplean el usteo para dirigirse a una persona que desconocen,  independientemente de la edad (podéis corregirme si me equivoco). En alemán funciona igual: emplean el pronombre Sie para dirigirse a cualquier persona que no entra en su círculo habitual de amistad, independientemente de la edad.

Luego tenemos lenguas más extremas como el japonés, donde las relaciones están marcadísimas por sexo, edad, rango y familiaridad con el interlocutor. Marcan estas relaciones con un sufijo al final de cada nombre para indicar la escala de respeto (la siguiente explicación la he sacado de esta página: http://mx.answers.yahoo.com/question/index?qid=20070601191643AAjVAI0):

-san ( -さん ): se añade después del nombre de las personas. Es un sufijo de cortesía y respeto (se utiliza tanto para personas de la misma edad como para personas mayores que tú).

-kun ( -君 ): se añade después del nombre, lo usan hombres y mujeres mayores cuando se dirigen a un hombre menor que ellos (si eres mujer no uses este sufijo con hombres mayores que tú)

-sensei ( 先生 ) – significa maestro; se le puede decir a la persona que te enseña artes marciaesl o al profesor de la escuela. También se utiliza para los médicos ( isha [医者] ), pero ¡cuidado! , sólo cuando estás hablando con el doctor directamente puedes añadir sensei, ejemplo: onaka ga itai sensei (me duele la cabeza).

-chan ( -ちゃん ): se añade después del nombre de personas mas jovenes que tú. Es una expresión de cariño y confianza: se usa para los amigos, familiares (hermana menor, hermano menor, primos menores, etc.) y niños. También se utiliza para las mascotas.

-sama ( -様 ) : es un sufijo de cortesía para personas importantes (es más respetuoso que -san).

-senpai ( -先輩 ): se añade después del nombre de la persona. Este sufijo es de respeto y cortesía para compañeros de trabajo, escuela, o que practican algún arte (shodō,aikido,kendo, etc..) en común contigo. Enfatiza que es una persona con más experiencia que tú.

 

Un jaleo, ¿verdad? Y en contraposición a esto tenemos lenguas como el inglés y el árabe, que carecen de pronombres o sufijos que marquen esas diferencias.

Y ahora es cuando viene el asunto espinoso. ¿Cómo reflejamos esas diferencias de poder en nuestra propia lengua? ¿Las reflejamos conforme al original o lo adaptamos a la cultura y a las normas de la lengua de destino? ¿Tenemos libertad para alterar las relaciones de poder que el autor establece según su cultura? O ¿acaso no sería libertad, sino el deber de hacer la lectura asequible para el lector (en este caso español) y evitarle “rarezas” en la traducción empleando fórmulas con usteo en situaciones en las que  nosotros usaríamos un tuteo?

El caso del japonés por ejemplo da mucho juego y es muy interesante. ¿Qué hace un traductor cuando se enfrenta a todas esas partículas dentro de una obra? En español, a no ser que sepamos japonés, esa información no nos añade nada relevante, y de hecho, si el traductor decide dejarlas, debería poner una nota explicando el uso de dichas partículas al lector (en caso de que la obra vaya destinada a un público general no especialista en cultura japonesa, claro). Si decide naturalizar el texto, tendrá que hacerlo con todas las consecuencias, obviando las diferencias que marca el original y adaptándose a las situaciones tal y como se producirían en la cultura española, lo cual también supone una pérdida importante de información del original que no podemos reproducir mediante nuestra propia lengua  porque carecemos de los mecanismos adecuados para ello. ¿Habría algún motivo para dejar las partículas si la obra va destinada a un público general? Claro que sí: el exotismo que infiere el uso de algo que para nosotros es desconocido.

De hecho, en las subtitulaciones de los fansubs se ven las diferentes opciones a las que se puede recurriralgunos dejan las partículas después del nombre (Kurosaki-kun, Enjin-sama, Nanao-chan). ¿Motivos? Pues porque suponen que va dirigido a un público que entiende del tema (gente aficionada al anime y al manga), porque si en efecto esa gente entiende un mínimo queda extraño escucharlo en el original y no verlo reproducido en los subtítulos, porque efectivamente queda “exótico” dejarlo así… y también tenemos la otra versión, gente que lo elimina porque piensa que no es indispensable y que lo único que hace es liar al espectador-lector. En un doblaje por ejemplo sería diferente, y tengo casi por seguro que las relaciones se transferirían sin dudas con un “usted” aplicado a las relaciones tal y como las mantenemos en español, conservando sólo del original la partícula “sensei”, ya que es la más conocida de las que hemos citado.

¿Y qué pasa en el caso contrario? Pues habrá que adaptarse al contexto, como es el caso del inglés. Si es una relación entre amigos, compañeros de trabajo, jefe-empleado, profesora-alumno… aquí será el traductor quien deba evaluar el tono a emplear, y si debe ir cambiándolo gradualmente a medida que pasa la obra o no. Un ejemplo: una empleada tiene un romance con su jefe. ¿Cuál es el trato que se dan en la oficina después de salir de la cama? ¿Mantienen la distancia para ocultar los hechos o cambian la forma de tratarse llamándose de “tú”?

A veces lo que parece más evidente a la hora de traducir no lo es tanto…

Traducciones espinosas

Tras mi larga ausencia por estos lares, vuelvo a la carga con un tema un tanto espinoso cuya idea me ha venido por la traducción al español de un manga en fansub que leí hace poco. Hoy vamos a tocar el tema de la traducción de elementos sexuales.

Esto no es algo que nos pille de susto y tampoco es algo que aparezca sólo en libros o películas eróticas o que tengan como fin primordial el sexo, ya que éste es un elemento que suele ir muy ligado evidentemente al romanticismo en su forma más “light”, al terror en multitud de formas (sólo tenéis que ver las películas de terror adolescente, siempre aparece alguna escena escabrosa en alguna casa de campo antes de que vayan a morir todos) e incluso al humor (American Pie). Lo mismo podemos aplicar a los libros; Stephen King es muy dado a escenas bastante fuertes de sexo en sus obras, y otros autores como Noah Gordon en “El médico” o Ken Follet en su archiconocida “Los pilares de la tierra” incluyen también escenas de mayor o menor magnitud. Incluso en ciertos dibujos animados salen términos relacionados con esta temática (Los Simpson). Está claro que siempre no lo vamos a traducir igual, de nuevo dependemos de:

  • la intención del autor
  • público al que va dirigido la traducción
  • finalidad de la escena en contexto (erótica, romántica, pasional, terror, suspense, diversión…)
  • Por supuesto, lo que nos mande nuestro cliente
  • El propio registro en que esté escrito el original
  • Principal problema con estas escenas: tomar la medida de manera que no nos pasemos de vulgares, pero tampoco de finos, ya que cualquiera de los dos extremos puede echar por tierra la traducción. Para colmo, la lengua española es muy rica en sinónimos para el tema del sexo, por lo que el espectro en el que nos podemos mover es amplísimo. Eso sumado al pudor que al traductor pueda darle utilizar cierto tipo de palabras o que el cliente mismo las vete puede darnos algunos problemas para pincelar los resultados finales de la obra.

    Por ejemplo, en los Simpson utilizan la palabra “achucharse” como sinónimo de “hacer el amor”. Se tiene en cuenta que puede haber un público infantil (aunque esta serie está creada para mayores) y que dentro de los mismos dibujos puede haber niños presentes en ciertas ocasiones (Lisa y Bart) en escena, aunque no sea directamente, pero pueden estar presentes en habitaciones contiguas. Además, suelen ser escenas melosas, por lo que se necesita un término dulce medio camuflado para los niños.
    Sin embargo, no podemos utilizar el mismo registro en una escena pasional, como el encuentro entre dos amantes, donde además hay una tensión añadida por el riesgo de que los puedan pillar. Aunque en estas escenas no suele haber mucho diálogo en el caso audiovisual (se pasa directamente a la acción), sí que se suelen describir con mayor detalle en un libro (de ahí lo que vemos en la pantalla, eso es de perogrullo), por lo que quien las va a pasar canutas en este caso es el traductor literario, no el audiovisual. Por ejemplo, ¿qué término utilizamos para referirnos en un caso como este al pecho femenino? ¿Pechos, senos, tetas? (Dejemos de lado las comparativas con frutas, eso es mucho más vulgar). Y para referirnos al acto en sí? El espectro va desde “hacer el amor” si lo queremos suavizar hasta “echar un polvo”. Claro que siempre tendremos la referencia original, y en el caso del inglés cada expresión tiene su equivalente, unas con más variantes que otras; pero imaginemos que estamos ante una lengua que sólo tiene una expresión para referirse al acto sexual, o que como mucho tenga 2, una formal y una vulgar (no sé si existirá, esto es hipotético). ¿Qué hacemos entonces? Tenemos mucho más donde elegir, y siempre no podemos ser literales; tenemos que adaptarnos a la naturalidad de nuestra lengua, de las expresiones que nosotros usamos en estos casos. Si no, mandamos el ambiente de la escena a freir espárragos.

    La segunda parte de este mundo son las onomatopeyas, sobre todo en cómic y en audiovisual. Eso (para mayor o menor divertimento) también hay que traducirlo. Todos sabemos que no ladra igual un perro inglés que un perro español, pues habrá ocasiones en estos casos en que haya que adaptar la onomatopeya a la lengua de destino.

    Así que para que veais la problemática más en profundidad (puesto que estoy evitando poner aquí expresiones soeces para que no me veten el blog), os dejo el enlace del manga que me ha inspirado este post. Sin ser un manga cuya temática principal (aunque tal vez sí secundaria) sea el hentai, Koe de Oshigoto se basa continuamente en referencias sexuales: una chica de 16 años comienza a trabajar en la empresa de su hermana como dobladora de juegos para adultos. Podréis fijaros en que la finalidad primera del manga es el humor, pero juega con la situación de meter a una pobre niña inocente en un mundo que desconoce, mientras todos los demás están más que acostumbrados a ello. Si lo leeis, veréis que parece estar escrito en español desde un principio. ¿Por qué? Porque suena natural, así que mis felicitaciones al traductor!!

Correcciones… ¡dolor de cabeza!

Si hay algo que odie por encima de una traducción imposible (véase el Ulysses de James Joyce, que no lo he leído pero sólo sabiendo cómo es la obra creo que paso bastante, y compadezco al pobre traductor al que le tocara la tarea y no supiera en lo que se estaba metiendo), es corregir una traducción. Sí, da mucho dolor de cabeza.

Llevo dos años traduciendo y corrigiendo por amor al arte para un fansub de anime y manga japonés (www.aksfansub.com) , aunque por supuesto, traduzco desde la versión inglesa (ya quisiera la moi saber japonés). Y si las traducciones a veces son horribles (no pasa mucho, pero algunas veces te encuentras con que lo que hay en inglés no tiene ni pies ni cabeza y te toca hacer uso de la imaginación para poner algo que te cuadre con el contexto, y no hablemos de los simpáticos juegos de palabras de los japoneses que toca siempre poner en notas con los kanjis correspondientes y los significados de cada uno por separado y en conjunto para explicar el chiste, o la cantidad de interrelaciones que hacen con respecto a otras series ya existentes, como ocurre en Lucky Star), corregir algo que no has traducido tú ya es la repanocha, sobre todo cuando la persona que lo ha traducido tiene otra variante del español diferente a la castellana, que siempre tienden mucho más a los calcos.

Cuando corrijo, lo hago siempre con los subtítulos o el manga en inglés y al lado la traducción, porque si sólo tienes que fiarte de la traducción, apañados vamos. Y te encuentras de todo, desde frases en negativa traducidas por afirmativa (o a la inversa) hasta invenciones léxicas, sintácticas, gramaticales y todo lo que se os ocurra. Ni qué decir tiene el tema de los calcos sintácticos y léxicos. Los más odiosos son los sintácticos. Y lo peor es que cuando quieres ponerlo de forma que suene natural, tienes tan metida la estructura en la cabeza que no puedes ni pensar en cómo se dice eso en español.

Resumiendo, que os animo a evitar este tipo de cosas.

Os dejo una imagen del último anime que estoy corrigiendo: Minami-ke okaeri. Si os gusta la animación japonesa os la recomiendo, tiene sus puntazos =P

Minami-ke okaeri
Minami-ke okaeri