• La autora

    Mi nombre es Eva María Martínez. Licenciada en TeI por la UMU en 2009, he trabajado como in-house durante más de 3 años y he dedicado otros cuantos al fansubbing. En la actualidad soy traductora autónoma y coordinadora de la Revista Traditori.

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Revista Traditori n.º 5

Después de más meses de duro trabajo, y por si alguien se ha despistado a pesar de la publicidad hecha en las redes sociales, os recuerdo que ya está disponible el n.º 5 de la Revista Traditori para leerla en línea y para su descarga en PDF. ¿Dónde? Pues como siempre, en el apartado de la red Traditori dedicado a la revista.

En este número hemos vuelto a dejar la temática de las secciones como «palomita suelta», es decir, que volvemos al contenido variado en nuestras páginas en lugar de centrarnos en una temática concreta para todo el número. Esta ocasión os traemos…:

Espero que, una vez más, disfrutéis con la lectura tanto como nosotros hemos disfrutado con su elaboración.

Solución a «P**adas de la traducción, vol. III»

Madre mía, os debo esta entrada desde hace más de un año (de hecho cumplió un año el día 1 de este mes) que escribí la entrada «P**adas de la traducción, vol. III». Fijaos si la tenía apartada que durante este tiempo hasta he recibido correos electrónicos de gente que estaba pendiente de esta publicación y que me preguntaban cuál fue la decisión final que tomé y todo. Soy una dejada para escribir las secuelas xD.

Resumo rápidamente para quienes no recuerden nada (que seréis la gran mayoría): en el tercer volumen de esta serie de problemas peliagudos que me voy encontrando en mi camino como traductora, explicaba un problema de género que me surgió en uno de los cuentos que traduje para el proyecto de posgrado, ya que, al traducir al español, el género de los objetos protagonistas se invertía. Y de ahí el problema, ya que precisamente el género era un factor de juego imprescindible en el desarrollo de la historia y, por tanto, no podía variar con respecto al original bajo ningún concepto (los objetos eran «cama» -masculino en árabe y femenino en español- y «sofá» -femenino en árabe y masculino en español-).

(más…)

P***das de la traducción, vol. III

Bueeeeno, pues tras los volúmenes I y II de p***das de la traducción en las que reflexionaba sobre la traducción del humor, hoy os traigo esta tercera entrega patrocinada por mi proyecto de postgrado, la traducción de los cinco últimos cuentos de la obra ملاهم صغيرة (Malahim sagira, «Pequeñas inspiraciones»), del escritor y periodista marroquí Nabil Driouch (a quien por cierto saludo desde aquí por si acaso me lee ;)).

Tras una primera traducción de los cinco cuentos en bruto centrada sobre todo en la búsqueda de vocabulario, volví al principio para centrarme ya en los significados con más calma. Llego al segundo cuento, titulado أسرة (usra, familia). En este cuento, Ahmad está hasta las narices de su cama porque es una sinvergüenza y decide comprarse una nueva que tenga mejores costumbres. Un día, la cama nueva le dice a Ahmad que ha conocido al sofá de los vecinos y que quiere casarse con él. Ahmad le da su consentimiento, se casan y tienen un silloncito. Y el final me lo ahorro, que ahora no viene al caso.

Sí, lo sé, estaréis pensando: «¿Pero qué tipo de cosas traduces tú?»… y os confieso que a veces yo pienso lo mismo xD. En fin, ahora es cuando os preguntáis: «¿Y dónde está el problema?» Pues el problema está en lo siguiente: este cuento relata a través de la personificación de estos objetos una situación prototípica del mundo árabe: un hombre conoce a una mujer, ve que la mujer es de buena familia, pide permiso y si todo está en orden, se casan. El autor juega con esa personificación para describir la situación real. La cama es el hombre, y el sofá, la mujer. Y como veis, cuando traslado esta personificación al español, se me va todo al traste, porque cama en árabe es masculino (سرير, sarīr), y sofá, femenino (عريكة, ‘arīka). Toma ya.

Total, que después de este revés, empecé a plantearme soluciones:

  • Dejarlo tal cual y que el lector deduzca porque, al fin y al cabo, es fantasía. Descarté esta idea porque supondría cargarme de un plumazo el juego de personificación que hace el autor a través de los géneros gramaticales.
  • Darle la vuelta al cuento: hacer que la cama sea el sofá, y el sofá, la cama. en un principio no se me antojó mala idea, pero la descarté porque el contexto no me permitía hacer ese cambio:
  1. describe a la cama como religiosa y con barba (fail!);
  2. en un punto del cuento, Ahmad teme que esté relacionada con una célula terrorista porque se pasa el día escuchando cintas de contenido religioso. las mujeres también pueden ser muy religiosas y pertenecer a células terroristas, pero no tienen barba xD.
  3. la cama le dice a Ahmed que ha conocido al sofá de los vecinos , que es hija (otro fastidio) de buena familia, describe a su padre y a su madre…  un jaleo con mayúsculas, vamos. Me obligaría a reescribir el cuento prácticamente completo, cosa que veo absurda porque soy traductora y mi deber es transmitir el original como mejor se pueda, y no cambiarlo todo a mi antojo para que me cuadren las cuentas.
  • Buscar sinónimos de «cama» que sean masculinos y de «sofá» que sean femeninos. La solución más plausible, pero todos los sinónimos que encontré tenían connotaciones que no me terminaban de encajar. De cama encontré camastro y catre, pero la primera tiene la connotación de ser una cama cutre y estrecha, y la segunda se usa más bien en jerga o también con la connotación de ser una cama de baja calidad, así que no me veía a Ahmad buscando un camastro o un catre en el mercado, y menos que se llevara a casa a un catre culto, religioso y con barba. Y de sofá encontré butaca, opción que sí tengo en cuenta como posible recurso.

¿Y qué voy a hacer con cama? Pues tengo una idea que me ronda la cabeza, pero como es un tema pendiente de discutir con mi tutora, os la desvelaré en próximas entregas. ¡Espero que el problema os haya resultado interesante! 😉

Resultados de la encuesta

Bueno, esta es otra de las entradas que tenía pendientes desde hacía tiempo: la publicación de los resultados de la encuesta que tengo colgada en el lateral del blog (acompañada por supuesto de su debida reflexión).

Estos son los resultados:

Resultados de la encuesta sobre poesía

No deja de resultar curioso que, con 59 votos, los resultados estén bastante igualados, y que la opción que despunta sea la de que la poesía no debería traducirse. Y esto me lleva a hacerme las siguientes preguntas: ¿Deberíamos entonces extender esto a las novelas y otras obras literarias? ¿Deberíamos asimismo extenderlo a los medios audiovisuales, series, dibujos animados, películas, etc., ya que al traducirlos estamos perdiendo parte de su «esencia» original? ¿Debemos privar entonces a aquellos que no tienen posibilidad de acceder a la lengua original de la lectura o la visualización de estas obras? ¿Y qué pasaría entonces con la difusión de obras en lenguas poco comunes, como las lenguas del Este y del Norte de Europa? ¿O como el árabe, el hebreo, el chino, el japonés con sus haiku…? Y luego el cómo hacerlo, retomando la poesía. ¿Debe el traductor adaptar el texto a la normativa española y cambiar la estructura de los versos y sus rimas? ¿Debe, por el contrario, mantener la forma original aunque ello no exista en español, y exponerse por tanto a desconcertar al lector amante de la poesía que desconozca la normativa que rige el texto original? Pero si lo adapta, ¿no dejará descontento con ello a aquellos que conozcan la normativa original y consideren una aberración la transformación de los versos?

¿Con qué opción os quedaríais vosotros?

Y para terminar, anuncio que publico una nueva encuesta: ¿sustituirán los traductores automáticos a los traductores de carne y hueso? Ahí dejo la pregunta.

Más juegos fonéticos

Mientras voy recopilando información y ejemplos para hacer mi publicación sobre onomatopeyas, servidora se va fijando en cosas cotidianas para seguir comentando dificultades de traducción.

El otro  día le llegó a mi hermano un libro con el siguiente título: Trance-formation. La temática es Programación NeuroLingüística. Como podemos ver, el título (muy bueno, por cierto) juega una vez más con la grafía, la fonética y la semántica:

  • En la grafía distinguimos la palabra trance, «trance» en español, haciendo referencia a todo el tema del hipnotismo en PNL;
  • la fonética es /trans/, jugando entonces en la pronunciación con la palabra /transformation/, «transformación», que referencia al cambio de conducta, pensamiento, etc. que infringe la PNL en la persona que la recibe;
  • y en cuanto al segundo lexema, formation, también juega un papel modificador: en el primer caso tendríamos «formación en trance», que es el objetivo principal del libro (formar a la persona que lo lee, o al menos iniciarla, en PNL), y en el segundo caso pues ya lo hemos comentado más arriba.

Y visto este pequeño desarrollo… ¿a alguien se le ocurre cómo verter esto al español? Jugamos con la desventaja del desdoble fonética-grafía… Y nos libramos porque es un libro y quien sepa inglés sabe de qué va la cosa (aunque a lo mejor pierde algún matiz), pero imaginaos que este juego de palabras aparece en un medio audiovisual (serie, película, cómic…) y tenemos que intentar reflejar el juego de palabras. ¿Lo sustituiríamos por otro, perderíamos la gracia machacando el juego fonético a secas, traducimos al español perdiendo la gracia y añadimos una nota…?

Y por si esto nos parece poco, voy a exponer otro pequeño ejemplo «puñetero» de juego de palabras. Un conocido canadiense está ahora estudiando en la República Checa, y el otro día vi un ingenioso comentario suyo que decía lo siguiente: Czech it out. Divertido, ¿no? Imaginemos que este juego entre la frase Check it out y el nombre de la República Checa en inglés (Czech Republic) nos aparece en una novela. ¿Qué porras hacemos? Si lo liquidamos estamos cargándonos una posible connotación que lleva una intención, ya sea humorística, una posible clave en lenguaje de espías, un rasgo pronunciado en un personaje (como que sea muy dado a sacarle punta a juegos fonéticos)…

Pues ale, ahí os dejo eso. ¡A discurrir se ha dicho!

Traducciones espinosas

Tras mi larga ausencia por estos lares, vuelvo a la carga con un tema un tanto espinoso cuya idea me ha venido por la traducción al español de un manga en fansub que leí hace poco. Hoy vamos a tocar el tema de la traducción de elementos sexuales.

Esto no es algo que nos pille de susto y tampoco es algo que aparezca sólo en libros o películas eróticas o que tengan como fin primordial el sexo, ya que éste es un elemento que suele ir muy ligado evidentemente al romanticismo en su forma más «light», al terror en multitud de formas (sólo tenéis que ver las películas de terror adolescente, siempre aparece alguna escena escabrosa en alguna casa de campo antes de que vayan a morir todos) e incluso al humor (American Pie). Lo mismo podemos aplicar a los libros; Stephen King es muy dado a escenas bastante fuertes de sexo en sus obras, y otros autores como Noah Gordon en «El médico» o Ken Follet en su archiconocida «Los pilares de la tierra» incluyen también escenas de mayor o menor magnitud. Incluso en ciertos dibujos animados salen términos relacionados con esta temática (Los Simpson). Está claro que siempre no lo vamos a traducir igual, de nuevo dependemos de:

  • la intención del autor
  • público al que va dirigido la traducción
  • finalidad de la escena en contexto (erótica, romántica, pasional, terror, suspense, diversión…)
  • Por supuesto, lo que nos mande nuestro cliente
  • El propio registro en que esté escrito el original
  • Principal problema con estas escenas: tomar la medida de manera que no nos pasemos de vulgares, pero tampoco de finos, ya que cualquiera de los dos extremos puede echar por tierra la traducción. Para colmo, la lengua española es muy rica en sinónimos para el tema del sexo, por lo que el espectro en el que nos podemos mover es amplísimo. Eso sumado al pudor que al traductor pueda darle utilizar cierto tipo de palabras o que el cliente mismo las vete puede darnos algunos problemas para pincelar los resultados finales de la obra.

    Por ejemplo, en los Simpson utilizan la palabra «achucharse» como sinónimo de «hacer el amor». Se tiene en cuenta que puede haber un público infantil (aunque esta serie está creada para mayores) y que dentro de los mismos dibujos puede haber niños presentes en ciertas ocasiones (Lisa y Bart) en escena, aunque no sea directamente, pero pueden estar presentes en habitaciones contiguas. Además, suelen ser escenas melosas, por lo que se necesita un término dulce medio camuflado para los niños.
    Sin embargo, no podemos utilizar el mismo registro en una escena pasional, como el encuentro entre dos amantes, donde además hay una tensión añadida por el riesgo de que los puedan pillar. Aunque en estas escenas no suele haber mucho diálogo en el caso audiovisual (se pasa directamente a la acción), sí que se suelen describir con mayor detalle en un libro (de ahí lo que vemos en la pantalla, eso es de perogrullo), por lo que quien las va a pasar canutas en este caso es el traductor literario, no el audiovisual. Por ejemplo, ¿qué término utilizamos para referirnos en un caso como este al pecho femenino? ¿Pechos, senos, tetas? (Dejemos de lado las comparativas con frutas, eso es mucho más vulgar). Y para referirnos al acto en sí? El espectro va desde «hacer el amor» si lo queremos suavizar hasta «echar un polvo». Claro que siempre tendremos la referencia original, y en el caso del inglés cada expresión tiene su equivalente, unas con más variantes que otras; pero imaginemos que estamos ante una lengua que sólo tiene una expresión para referirse al acto sexual, o que como mucho tenga 2, una formal y una vulgar (no sé si existirá, esto es hipotético). ¿Qué hacemos entonces? Tenemos mucho más donde elegir, y siempre no podemos ser literales; tenemos que adaptarnos a la naturalidad de nuestra lengua, de las expresiones que nosotros usamos en estos casos. Si no, mandamos el ambiente de la escena a freir espárragos.

    La segunda parte de este mundo son las onomatopeyas, sobre todo en cómic y en audiovisual. Eso (para mayor o menor divertimento) también hay que traducirlo. Todos sabemos que no ladra igual un perro inglés que un perro español, pues habrá ocasiones en estos casos en que haya que adaptar la onomatopeya a la lengua de destino.

    Así que para que veais la problemática más en profundidad (puesto que estoy evitando poner aquí expresiones soeces para que no me veten el blog), os dejo el enlace del manga que me ha inspirado este post. Sin ser un manga cuya temática principal (aunque tal vez sí secundaria) sea el hentai, Koe de Oshigoto se basa continuamente en referencias sexuales: una chica de 16 años comienza a trabajar en la empresa de su hermana como dobladora de juegos para adultos. Podréis fijaros en que la finalidad primera del manga es el humor, pero juega con la situación de meter a una pobre niña inocente en un mundo que desconoce, mientras todos los demás están más que acostumbrados a ello. Si lo leeis, veréis que parece estar escrito en español desde un principio. ¿Por qué? Porque suena natural, así que mis felicitaciones al traductor!!

Poesías… ¿originales?

Os animo a que los que leéis este blog votéis en la encuesta de la barra lateral si pensáis que es posible traducir poesía o no.

El otro día, el profesor Esteban Torre de la Universidad de Sevilla nos dio a los alumnos de 4º de TeI de la Universidad de Murcia una interesante conferencia sobre la traducción de la poesía, algo a lo que personalmente no me dedicaría en la vida porque no tengo sensibilidad para ello. Resultó gracioso saber que poemas que pensamos que son originales de algunos autores resultaban traducciones/copias de poemas de autores que los habían escrito en otro idioma. Como ejemplo tenemos a Quevedo, que copió-tradujo (¿cuál sería el término compuesto para algo así?) un poema de Luís de Camões. Os lo demuestro:

Francisco de Quevedo:

Es yelo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado;

es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado;

es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño amor, éste su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Luís de Camões:

Amor é un fogo que arde sem se ver;
É ferida que dói e não se sente;
É um contentamento descontente;
É dor que desatina sem doer;

É um não querer mais que bem-querer;
É solitario andar por entre a gente;
É nunca contentar-se de contente;
É cuidar que se gagna em se perder;

É um estar-se preso por vontade;
É servir a quem vence o vencedor;
É ter com quem nos mata lealtade.

Mas como causar pode o seu favor
Nos mortais corações conformidade,
Sendo a si tão contário o mesmo Amor?

Como veis, los versos que están en cursiva son copia-traducción exacta del original, y Quevedo ha ido traduciendo y adaptando en cada verso el número de sílabas, las rimas y las figuras estilísticas para que quedara un poema en español en condiciones. Un trabajo impecable e impresionante. ¿Qué cómo sé que el de Quevedo es la traducción y no al revés? Pues porque Quevedo nació en 1580 y Camões murió en 1581 =).

Pero no os penséis que esto es una excepción: hay más de un poema en estas condiciones. Por ejemplo, Joachim du Bellay tradujo un poema de Janus Vitalis del latín al francés, y luego Quevedo traduciría la traducción francesa al español (du Bellay falleció en 1560). En la misma línea, Edmund Spenser y Ezra Pound tomarían la versión francesa para hacer una traducción, prácticamente palabra por palabra, de la traducción francesa de du Bellay. Es la ventaja que tienen los idiomas de palabras cortas a la hora de hacer los versos, que tienen que hacer menos malabares.

Interesante, ¿no?

¿Debemos actualizar los grandes clásicos?

Pregunta absurda tal vez, pero creo que cierta asignatura de la carrera me está trastocando la cabeza con este tema xD.

El otro día en clase nos dijeron que un traductor francés ha traducido «El Quijote» al francés actual. En otras palabras, que ha actualizado la obra lingüísticamente cambiando todos los términos del español clásico original por términos que se usan hoy día.

Como podréis imaginar, esto ha sido aplaudido por algunos diciendo que ése es el camino que ha de seguir la traducción (la de modernizar las obras y adaptarlas al tiempo en que se están leyendo, obviando con ello la época en la que se escribieron al suponer que el público no va a entender de lo que se está hablando), y otros críticos en cambio han machacado esta decisión tachándola de todo menos bonita me supongo.

¿Un traductor tiene licencia para alterar el estado original de la obra o depende esta licencia de qué estemos traduciendo? Considero que una obra como El Quijote no se puede traducir a una versión actualizada. Si despojas a este clásico (o a cualquier otro de cualquier lengua) de su lenguaje y su forma de expresión, le estás quitando su valor histórico, cultural, lingüístico y significativo, y además lo haces poco creíble para aquellos que conocen que esa obra fue escrita en un período determinado de la Historia.

Es cierto que el simple hecho de traducir El Quijote ya supone un reto enorme, no sólo por lo alejado del castellano que usa con respecto al actual y el problema que ello supone al traductor, sino por la enorme carga significativa que encierra la obra. ¿Podemos cargarnos el significado de la obra al modernizarla? Yo creo que sí. Es como si decidiéramos traducir un poema simplemente por el significado obviando el cuidado y la atención que hay que poner a las palabras para «simplificar» lo que dice y que todo el mundo pueda entenderlo.

Los clásicos no son para entenderlos fácilmente, porque entonces no estaríamos hablando precisamente de literatura clásica (ni de poesía si decidiéramos simplificarla). Podéis discrepar, pero dadme una buena razón. De hecho, me estoy acordando ahora mismo de la película de Romeo + Julieta protagonizada por Leonardo DiCaprio y Claire Danes, vendría a ser algo por el estilo, sólo que esto en versión cinematográfica, ¿no?