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    Mi nombre es Eva María Martínez. Licenciada en TeI por la UMU en 2009, he trabajado como in-house durante más de 3 años y he dedicado otros cuantos al fansubbing. En la actualidad soy traductora autónoma y coordinadora de la Revista Traditori.

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Nuevas experiencias (I)

Tras nosécuántos meses y varias entradas de carácter más técnico enfocadas a herramientas, hoy os traigo una publicación algo más personal. Porque casi nunca se cuentan los miedos personales: siempre mola más contar lo bonito, lo que sale bien. O lo que sale mal y lo que se ha aprendido con la experiencia. O de proyectos que suponen un desafío por el campo de especialidad y la envergadura o la importancia. Pero es raro que se hable de miedos.

Así que esta es la historia de los miedos a los que tuve que enfrentarme hace ya algo más de un año. Mi primer «proyecto» por mi cuenta. Dicen que los contactos en este mundo son muy importantes, y vaya si lo son. Este proyecto me llegó de manos, ni más ni menos, que de una de las que fueran mis profesoras de interpretación en la universidad. Era una interpretación de acompañamiento para una empresa de relocation. Uno de sus clientes enviaba a uno de sus trabajadores a trabajar a las oficinas que tienen en Murcia. Así que se trataba de interpretar durante la búsqueda de vivienda, de colegio y de servicios sanitarios.

Yo. Que suspendí las dos asignaturas de interpretación consecutiva que di en la universidad en primera convocatoria (no, no me da vergüenza reconocerlo, era un auténtico desastre en consecutiva y me aterrorizaba).

Yo. Que dije que jamás aceptaría un trabajo de interpretación cuando acabara la carrera. Nunca digas «De este agua no beberé».

Me llevó casi dos días pensar en la respuesta. Lo hablé con mis padres y con mi novio. Necesitaba que alguien me empujara al abismo. Por una parte me interesaba por la experiencia y por empezar a gestarme una cartera de clientes y un CV propio, pero por la otra no me sentía capaz. ¿Y si no entendía el acento de los clientes? ¿Y si no conseguía interpretar de forma eficaz? ¿Y si no estaba a la altura?

Me acabé lanzando al abismo. Le escribí a la agencia y les dije que contaran conmigo, y que me dieran más detalles.

Pero el abismo no acababa en la parte de la interpretación. Ah, no. Murcia es una ciudad relativamente pequeña y yo, ilusa de mí, pensaba que podría llevarles andando a las casas que tuviéramos que visitar. Ja, ja, ja, ja. Alma de cántaro. Vi la realidad cuando me pasaron el itinerario: todo eran pedanías de los alrededores, algunas a un tirón de distancia entre sí. Había que hacer todo el recorrido en coche.

En coche.

Yo, que hasta ese momento solo había cogido el coche para hacer 2 rutas básicas, y que no había usado un GPS en la vida. Llevar a un cliente y su mujer (encinta) en el coche, por Murcia, una ciudad por la que me agobia horrores conducir y en la que apenas me he movido en coche (siendo yo la conductora, entiéndase), y por pedanías que no había pisado y que sabía que existían porque había conocido a gente de allí. Con un itinerario marcado con citas entre médicos, visitas a casas y colegios, y teniendo que buscar aparcamiento en zonas imposibles y a horas imposibles.

Ahora sí que estaba agobiada. Y aterrada. Pero además, de verdad.

La única solución que encontré fue memorizarme todo el itinerario de los dos días que teníamos programados para su primera visita a España (venían ambos). Lo programé todo en el GPS y me pasé horas visualizando Google Maps en modo Street View para ver las calles, las salidas, los cambios de sentido y los puntos de referencia. Huelga decir que los nervios apenas me dejaron dormir, y para desayunar me tomé una tila y poco más, porque no me entraba nada en el estómago. Así que respiré hondo, puse el GPS (me faltó santiguarme) y salí a la carretera a ver qué me deparaba el día y si salía viva de aquella historia.

Creo recordar que el primer día no fue tan terrible como pensaba. Eso sí, llegué muy tarde a casa, porque me quedé con los clientes después de terminar la ruta para recopilar la información de las casas que habían visto y repasar el itinerario del día siguiente. Y cuando llegué, tuve que redactar el informe del día para que la agencia pudiera buscar más viviendas que casaran con sus necesidades (y cubrir así los huecos), tener el feedback de los clientes con respecto a lo que estábamos visitando, si les gustaban o no las áreas en las que estaban las casas, qué sobraba o qué faltaba en lo que visitábamos, etc. Y luego, me quedé repasando la ruta del día siguiente. Así que me acosté a las mil y, al día siguiente, madrugón.

El segundo día fue un desastre en cuanto a mis habilidades de conducción se refiere. Lo de conducir por sitios que no conozco mientras me hablan lo llevaba mal, pero si encima no me hablan en español, para qué contar. Para este día teníamos huecos libres. Demasiados. Y, como me temía, empecé a recibir llamadas de la agencia para ocuparme esos huecos con más citas en sitios que no tenía ni idea de dónde estaban. Una de las veces, el GPS me la jugó y me mandó a una pedanía perdida de la mano de Dior (donde, por cierto, no sé cómo no me los cargué de un infarto de un volantazo que di de repente. Menos mal que teníamos una hora de margen y pude usar media hora para llegar a tiempo a la cita). Para colmo, sobre las cuatro de la tarde ya me había quedado sin batería en el móvil y no veía la forma de cargarlo en ningún sitio, y lo necesitaba para estar en contacto con la agencia y para ir cambiando el horario de las citas que se iban acumulando a consecuencia del retraso de otras. También me tocó interpretar en situaciones de las que no estaba avisada, como en los dos colegios bilingües que visitamos (la agencia me confirmó que las atenderían angloparlantes, pero en ambos centros la persona que nos atendió nos dijo que en ningún momento se les había avisado de que la pareja no hablaba español y, por supuesto, ellas no hablaban inglés).

Los clientes necesitaron dos visitas más a España antes de encontrar la que sería su vivienda definitiva para su estancia aquí, pero ahí no hay mucho que reseñar (bueno, sí, que uno de los agentes inmobiliarios hablaba un inglés fenomenal y me salvó de que me reventara el cerebro). Yo conseguí superar dos de mis miedos de una sola vez; ahora conduzco para lo que sea, me pongo el GPS si no sé dónde está mi destino y tengo esa sensación de «ya me las apañaré». Al menos, no me tiemblan las manos, que ya es bastante :P.

Y hasta aquí la primera parte. Cuando completé esta fase, me pusieron en contacto con el departamento de inmigración para iniciar los trámites legales del traslado a España. Y ahí la cosa sí que se puso divertida del todo… Pero eso me lo reservo para otra entrada :D.

¿Tenéis alguna anécdota de algún trabajo que hayáis aceptado y que os haya hecho superar algún miedo concreto? ¡Comentad, comentad!

¡Hasta la próxima!

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Deja un comentario

8 comentarios

  1. Muy buena entrada y enhorabuena Eva 🙂
    Lanzarse a una nueva aventura (ya sea traducción o interpretación) siempre nos provoca ese hormigeo en el estómago, y todos los traductores hemos cometido [y cometeremos] errores en las primeras veces. Pero lo realmente importante en el sector de la traducción y en cualquier otro aspecto de la vida, es la actitud con la que se afrontan los retos, y humildemente, pienso que lo has hecho muy bien.
    Esperando ya la segunda parte 😉

    Responder
    • Muchas gracias, Alfredo :). Lo cierto es que me sentí orgullosa de mí misma al afrontar mis miedos cuando todo terminó. Al fin y al cabo, con esta experiencia en el bolsillo, es un campo más donde puedo ofrecer mis servicios.
      A ver si me pongo con la segunda parte pronto, que es telita.

      ¡Saludos!

      Responder
  2. Alicia Dakota

     /  10 julio, 2015

    Hola, Eva:

    ¡Menudas aventuras!

    Gracias por compartir tus experiencias, valiente. 😉

    Responder
  3. Muy divertida la entrada. La verdad es que no quisiera estar en tu lugar, pues tengo verdadero horror a conducir. Ya me metí en algunas situaciones inusitadas relacionadas a la traducción. Lo bueno es cuando después de un tiempo conseguimos reírnos y nos cuesta creer que hayamos sido capaces de enfrentar tal situación.

    ¡Te felicito por tu valor!

    Recuerdos desde Brasil.

    Responder
    • ¡Hola, Diana!

      Lo cierto es que en ese momento yo también deseé no haber estado en mi lugar, jajajaja. Lo pasé fatal, pero bueno, de todo se aprende y se sale 😛 .

      ¡Gracias por comentar!
      Eva

      Responder
  4. Hugo

     /  23 marzo, 2016

    Hola!
    Los primeros días en cualquier trabajo suelen ser anecdóticos.
    En mi caso cuando empecé como traductor en prácticas en la agencia http://www.bigtranslation.com y realicé mi primer proyecto con ellos…me temblaban hasta las piernas…pero superé la prueba y ahora queda como un bonito recuerdo…;-)

    Responder
  5. ¡Hola!
    Nos encanta tu blog y leyendo esta historia nos ha recordado a una que compartimos en el nuestro. Así que si quieres puedes pasarte y darnos tu opinión.
    http://www.traduccionestridiom.com/peligros-de-ser-traductor-interprete/
    ¡Mil gracias!

    Responder

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